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La cultura de la ilegalidad

Los recientes bloqueos de calles que casi paralizaron Ciudad de México y Buenos Aires, impidiendo a millones de personas llegar a su trabajo, se están convirtiendo en un serio problema económico. Pero tienen costos invisibles que pueden llegar a ser mucho más preocupantes que su impacto monetario inmediato.

Activistas del sindicato de electricistas mexicanos han estado cortando calles y caminos de acceso a Ciudad de México, impidiéndole a la gente ir a trabajar y a los niños ir a la escuela. Simultáneamente, en Buenos Aires, donde los ``piqueteros'' cortan las calles a diario, se produjo un caos vehicular mayor que el habitual cuando una huelga de trabajadores del subterráneo obligó a decenas de miles de personas a usar sus autos para llegar al centro de la ciudad.

En los primeros nueve meses de este año, Buenos aires sufrió 440 bloqueos de calles por protestas sociales, más de uno por día, según el diario La Nación.

La Cámara de Comercio de Ciudad de México, a su vez, calcula que en esa ciudad se produjeron durante el mismo período casi 200 marchas que obstruyeron el tránsito. Las marchas le cuestan a Ciudad de México un mínimo de $140 millones mensuales en ventas perdidas, porque la gente no puede llegar a los comercios, según la Cámara.

``Y eso sin contar las horas de trabajo perdidas'', dice Arturo Mendicuti, presidente de la Cámara. ``Yo mismo me he pasado más de tres horas varado en el tráfico''.

Los bloqueos de calles también están perjudicando las inversiones extranjeras en un momento difícil, en que, según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe de las Naciones Unidas (CEPAL), se espera que la inversión extranjera en la región caiga un 40 por ciento este año debido a la recesión mundial.

``Los cortes de calles empeoran un clima económico ya de por si complicado'', dice Eric Farnsworth, vicepresidente del Consejo de las Américas, un grupo con sede en Nueva York que representa a 190 empresas con negocios en Latinoamérica. ``Dificultan a los trabajadores llegar a sus empleos, y a los productos llegar a los mercados. Además, perjudican las inversiones, porque las empresas no quieren instalarse ni expandirse en lugares con un clima volatil''. Durante la reciente Conferencia de las Américas realizada en Miami, presencié un debate fascinante sobre estas protestas entre el jefe de gobierno (alcalde) de Buenos Aires, Mauricio Macri, el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli, y el congresista mexicano Luis Enrique Mercado.

Macri, un líder de la oposición, culpó al gobierno de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner por no ordenarle a la policía que mantenga las calles transitables y dijo que el aumento de cortes de calles ``está llevando a Argentina a límites nunca pensados que van en dirección de una sociedad anárquica, en la que se va a perder inversión, se va a perder empleo, y va a aumentar la pobreza''.

Scioli, del partido oficialista, disintió, argumentando a favor de la moderación y de la resolución de conflictos mediante el diálogo.

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