Los hijos de nadie
By DANIEL SHOER ROTH
Los niños que viven en hogares sustitutos bajo custodia del estado cargan por dentro un dolor profundo. Es el dolor del abuso, el abandono y el trauma que, desafortunadamente, han experimentado durante los años en que se forma su personalidad.
Ese dolor se exterioriza de diferentes maneras, con ira, depresión, rebeldía y violencia. Para el estado es más fácil y económico tranquilizarlos con medicamentos que ofrecerles la oportunidad de rehabilitarse.
Las autoridades del Departamento de Niños y Familias de la Florida (DCF) finalmente han admitido que, con frecuencia, drogan a los menores problemáticos bajo su custodia en vez de ayudarlos a lidiar de una manera sana con sus sentimientos.
Es una práctica que denota la carencia de amor y comprensión hacia estos niños condenados a la infelicidad por sus propios padres.
Pero en el debate no se ha cuestionado suficiente la responsabilidad de los médicos. Son ellos quienes tienen la última palabra al recetar estos potentes sicofármacos, los cuales en su mayoría no tienen certificación para uso pediátrico.
En el fondo se trata de falta de ética profesional. Normalmente, los médicos que prescriben los medicamentos lo hacen sin leer el expediente que incluye la información médica y sicológica de los niños, concluyó un informe de un panel de expertos y administradores del DCF que investigó el caso de un niño de 7 años que se ahorcó en el baño de un hogar sustituto en el Condado de Broward. El menor se encontraba bajo un severo régimen de sicofármacos.
Aspectos tan básicos como la edad, el tamaño y el peso de los niños a menudo no se han tomado en cuenta y algunos médicos incluso prescriben sicotrópicos sin siquiera hacer un examen físico. Otros simplemente desconocen el tipo de problemas emocionales que el paciente está experimentando.
``El que prescribe tiene el deber legal y ético de obtener el consentimiento [de los padres o de un juez] antes de recetar medicamentos sicoterapéuticos'', establece el informe.
En momentos en que se discute la reforma de la salud en Washington, los hallazgos del DCF ponen de relieve los efectos negativos que la medicina comercializada moderna tienen en la calidad del cuidado médico de los grupos vulnerables.
Los siquiatras que contrata el DCF son compensados por el Medicaid, que paga una tarifa de reembolso demasiado baja. Eso convierte a estos niños en pacientes ``de segunda clase''. El otro problema es que los siquiatras, en general, son subvalorados por el sistema y las aseguradoras no los remuneran como especialistas. La sicoterapia requiere de tiempo, por eso hay médicos que sin tener suficiente interés se convierten en dispensarios de pastillas.
``Quienes prescriben, carecen del incentivo financiero de participar en equipos de tratamiento multidisciplinarios'', afirma el reporte.
Los médicos no lo hacen con intenciones de hacer daño. Por el contrario, creen que están liberando al menor del sufrimiento. Pero en muchos casos la medicina solamente no es la solución del problema ni tampoco lo es la sicoterapia.
Las personas que están involucradas en la vida de estos niños -- padres sustitutos, trabajadores sociales, terapeutas, médicos -- deben tener la motivación, los conocimientos, la preparación y la sensibilidad requeridos para trabajar con personas seriamente afectadas por el rechazo de sus padres y de la sociedad en general.
Al medicarlos estamos creando una generación de futuros pacientes crónicos que van a depender toda la vida de los servicios sociales. Para luego terminar en hospitales y cárceles, haciéndose daño a sí mismos y a sus semejantes, a costa del bolsillo de los contribuyentes.
Los médicos deberían ser más conscientes y poner la libreta de recetas en la gaveta a menos de que se trate de un caso bien documentado que tenga la debida autorización.
Al igual que ellos, cada agente en el sistema de bienestar infantil debería ver a estos niños como si fueran sus propios hijos. Todos los padres en la Florida deberían sentir que los menores bajo custodia estatal también son suyos. La responsabilidad de los hijos de nadie es de todos nosotros.
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