La FPL por las nubes
By DANIEL SHOER ROTH
Armando Olivera, el presidente de Florida Power & Light, generalmente viaja en helicóptero desde Miami a la sede de la compañía en Juno Beach. A Tallahassee va en el jet corporativo que la empresa planea sustituir por uno nuevo a cuenta de los abonados, que estamos sujetos a su monopolio.
Edward Quiles, gerente de producción de una compañía que fabrica chalecos antibalas, va de Doral a Deerfield Beach. Su esposa lo deja en la estación de Tri-Rail del Aeropuerto Internacional de Miami. Una hora y media después, camina de la estación Deerfield al trabajo. ``Estoy bien enojado porque estoy pagando por su comodidad mientras que yo estoy usando transporte público'', manifestó Quiles, cuya factura eléctrica residencial ronda en $110.
En el álgido debate sobre la FPL por el propuesto aumento de sus tarifas, los salarios secretos de sus ejecutivos y sus vínculos con las autoridades normativas de la Florida, no se ha enfocado la realidad del problema: la compañía eléctrica está volando alto en el helicóptero, mientras que sus clientes estamos abajo en el mundo real.
La arrogancia se hizo evidente durante una sesión organizada por el Consejo de Planificación Regional del Sur de la Florida el 2 de septiembre para que el público se informara sobre los enormes postes que atravesarán algunos vecindarios y tierras agrícolas de Miami-Dade como parte del proyecto de plantas nucleares en Turkey Point. Los residentes estaban furiosos porque los representantes de la FPL hicieron su presentación y rehusaron responder preguntas en público.
Las comunidades están preocupadas por el posible peligro que representan para la salud las consecuencias de los campos electromagnéticos producidos por los cables de alta tensión. Además, los residentes no quieren líneas de transmisión en sus vecindarios porque como no están soterradas son antiestéticas.
``Cuando le hablas a la comunidad, debes tener una conversación abierta en vez de aislar a los individuos'', señaló Bob Krasowski, que vino expresamente desde Naples a participar. ``Todo el mundo quiere escuchar las preocupaciones de los vecinos. Así es como funciona la democracia. Toda la publicidad de la FPL en este proyecto es eso mismo: publicidad''.
Los ejecutivos de la FPL mantienen que han seguido la reglamentación estatal y que han estado reuniendo información de clientes y socios comunitarios. Para esta reunión se requería que la compañía estuviera presente solamente. Sin embargo, una docena de expertos del proyecto respondieron a preguntas. ``Un formato de pregunta y respuesta no habría dado oportunidad a todos para hacer comentarios'', dijo Mayco Villafaña, portavoz de la FPL.
Según Villafaña, el Departamento de Protección Ambiental de la Florida no halló evidencia concluyente de que los campos electromagnéticos representen una amenaza a la salud pública.
La FPL ha estado en el candelero por la presunta comadrería entre sus ejecutivos y funcionarios de la Comisión de Servicios Públicos que la regula. En medio del escándalo, Olivera publicó una columna titulada Buenas noticias de FPL. Ahí explica que a pesar del aumento del 30 por ciento de la tarifa base que la empresa solicita -- la primera desde 1985 --, los clientes pagarán menos el próximo año, incluso menos que un cuarto de siglo atrás.
Con palabras bonitas, Olivera intenta disfrazar el incremento de la tarifa base con el estimado del precio del combustible, que son componentes separados en las facturas de la electricidad. El año pasado, la FPL subió la cuenta a los clientes debido al aumento del precio del petróleo y argumentó que el alza estaba fuera de su control.
Ahora que van a bajar las facturas debido a la caída del costo del crudo se echan flores promoviendo el aumento de la tarifa como un descuento. Que quede claro, el aumento no es más que un aumento. Al final, la FPL va a tener más ganancias. Esto sucede cuando las grandes corporaciones no tienen que responderle al público, sino a los políticos, las autoridades normativas y los accionistas. La FPL está muy bien apadrinada, no sólo en Tallahassee, sino en la Comisión de Miami-Dade también.
La competencia es la única solución. Mientras que tengamos un sólo proveedor de electricidad, no habrá incentivo para que la FPL se baje de las nubes y para que Olivera aborde el Tri-Rail.
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