Caballos en el mercado negro
By DANIEL SHOER ROTH
Durante su niñez, Ivonne Rodríguez vivió rodeada de animales. Le encantaban, especialmente, los caballos. Soñaba con tener un pony. A los 43 años, finalmente, su papá le regaló a Gerónimo, un quarter horse carmelita y blanco al que llamaban ``el Cadillac de la familia'', por su buen trote. Rodríguez lo cuidaba como una ``joyita'' en la finca de sus padres en Redlands, al sur de Miami. Con apenas oír que ella se aproximaba al portón, el caballo relinchaba.
Han transcurrido seis meses desde que Gerónimo fue mutilado, probablemente para vender su carne en el mercado negro. Pero Rodríguez, ahora con 46 años, no ha podido recobrarse de la pérdida y la desolación. Constantemente, siente un punzante vacío.
``No termino de entender cómo alguien tiene las agallas para matarle una mascota a alguien'', comentó. ``El daño que me han hecho no se puede medir. El venía siendo mi hijo''.
Su tristeza hace eco en el corazón del escándalo sobre la matanza en serie de caballos que ha estremecido a miles de residentes del sur de la Florida. Esta semana, el dueño de un rancho en el suroeste de Miami-Dade fue arrestado junto a su empleado por intentar vender carne equina a $5 la libra. En el congelador, tenía 240 libras de carne al parecer también de caballo, según la policía.
Muchas personas en la comunidad están confundidas sobre la legitimidad de la venta y el consumo de la carne de caballo, un animal que desde que los comienzos de la humanidad ha desempeñado un papel fundamental en el desarrollo de la civilización y al que, en culturas como la nuestra, se le considera más que una mascota o compañero.
La venta o compra de carne equina es ilegal en Estados Unidos, pues cualquier producto animal debe ser inspeccionado por el Departamento de Agricultura, el cual dejó de supervisar la carne de caballo hace unos años por orden del Congreso.
Sí es legal comerse un caballo propio, así de legal como comerse al perro o al gato de la casa. ¿Se ve asando a su mascota en el horno?
Al igual que el resto de los animales para el consumo humano, el caballo debe ser matado de forma digna. Pero la mutilación de un caballo es horriblemente violenta. A diferencia del ganado, los caballos tienen cuellos largos y son díscolos. Con frecuencia, los fusiles pierden su objetivo y los pobres animales sufren una terrible agonía. Para aturdirlos, introducen barras de metal en su cerebro antes de levantarlo por la pierna y cortar su garganta. Hay quienes comienzan por romperles las piernas.
La demanda por la carne de caballo en el sur de la Florida se nutre de una serie de mitos sobre sus cualidades nutricionales para curar enfermedades. Algunos argumentan que es sana por su bajo contenido graso y riqueza proteínica. Justifican su consumo también ya que es una tradición culinaria en muchos países. Aquí, sin embargo, los caballos son animales para la recreación, y por tanto están medicados con esteroides, antiinflamatorios y antibióticos. No es saludable comerlo.
Tampoco es ético. A los caballos se les cría para que confíen en las personas, ya que ellos nos ven como predadores. Así es como se fomenta un vínculo especial entre cada caballo y su dueño. Asesinarlos brutalmente es romper ese solemne lazo.
Los caballos deben tratarse como animales de compañía al igual que los perros y gatos. El que no se venda caballo en un restaurante o un supermercado comercial es un indicador de su jerarquía dentro de la cadena alimenticia en nuestra sociedad.
No se trata solamente de matar caballos. No olvidemos el horror que produjo en varios vecindarios de Miami-Dade la mutilación en serie de gatos hace pocos meses.
Se ha comprobado que quienes cometen actos de crueldad contra los animales son personas violentas que comúnmente terminan haciéndoles daño a niños y ancianos.
A pesar de que los humanos hemos evolucionado enormemente en nuestra responsabilidad con los animales, testimonios como el de Ivette Rodríguez ilustran que aún falta mucha tierra por arar.
Permitir que continúen las matanzas de caballos y quedarse indiferente a noticias como ésta es cegarse ante un problema mucho mayor de crueldad, abandono y completa irresponsabilidad.
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