Sed de poder ciega a Crist
By DANIEL SHOER ROTH
Charlie Crist perdió la oportunidad de concretar su promesa de ser ``el gobernador del pueblo''.
Tuvo la posibilidad de demostrar que era un hombre de palabra. Pudo haber hecho de la Florida un estado modelo en la conservación del medioambiente. Tenía las capacidades para elevar el nivel de vida de todos. Habría podido cambiar la imagen pomposa y arrogante del político floridano por la de un servidor público modesto y altruista.
Pero Crist no supo aprovechar esas oportunidades. Por el contrario, prefirió ponerse a sí mismo por encima de todo lo demás.
Por eso ha dejado a medias sus responsabilidades con los constituyentes para concentrarse en recaudar millones de dólares para su campaña política. Irónicamente, esos logros que dejó pasar le habrían asegurado un asiento de primera clase en el vuelo al Senado federal, que es su principal objetivo.
Ya está claro que lo que Crist ha hecho como gobernador ha sido, en esencia, promoverse a sí mismo. Su estrategia: hablar de asuntos que afectan a la población directamente, hacer promesas populistas y robar cámara, mucha cámara.
Comencemos con la protección del medioambiente que fue una de sus primeras iniciativas para atraer las cámaras de la nación. Pregonó la reducción de los gases de invernadero y el incremento en el uso de energías renovables. Convocó a una cumbre climática y trajo al Terminator, quien puso a California en la vanguardia de la preservación, para que lo asociaran con él. Así Crist se metió en el bolsillo a los defensores del medioambiente.
Crist dejó de necesitarlos porque sabe que los ambientalistas jamás apoyarán a Marco Rubio, su archirrival republicano para el 2010, ya que los ultraconservadores arguyen que el calentamiento global es un invento de la izquierda liberal. En cambio, a quienes sí necesita el gobernador es a los constructores y a las empresas de servicios públicos, para que respalden financieramente su sed de poder.
Por eso no se ha promulgado ninguna ley que haga de carácter obligatorio el uso de energías renovables -- que casi no generan ganancias para las empresas -- y sí se aprobó una ley de desarrollo urbanístico que cementa una vía rápida para más proyectos inmobiliarios con menos vigilancia del Estado, en detrimento de la calidad de vida del público.
Pasemos a George LeMieux, el ex gerente de campaña y amigo de Crist, a quien éste seleccionó para reemplazar a Mel Martínez en el Senado, apartando a otros candidatos con muchísima más escuela. El Wall Street Journal llamó la decisión ``un nombramiento mini-yo''.
Es obvio que Crist necesitaba a alguien que le calentara la silla hasta noviembre del 2010. ¿Quién más sino su aliado le podría asegurar que no iba a robarle la atención del público y a sobresalir demasiado? Todo estuvo cuidadosamente pensado, porque para Crist sus aspiraciones políticas son más importantes que el futuro de la Florida.
¿Dónde trabajaba su protégé antes de ser senador? En una firma de abogados que representa a U.S. Sugar y Florida Power & Light, dos de las corporaciones más grandes del Estado que regalan un caudal de dinero a las campañas y no se caracterizan por ser muy amigos de la naturaleza.
Nadie que reúna $4.3 millones en dos meses de campaña, como Crist, por más que tenga carisma y las mejores conexiones, puede dedicarse a los problemas de la comunidad. Como promedio, durante el verano, recaudó $86,000 diarios. Mientras tanto, los impuestos de los dueños de casa se mantuvieron altos injustamente, porque las propiedades perdieron valor.
Crist, quien anteriormente fue Fiscal General de la Florida, nunca ha podido disfrutar del presente; siempre quiere estar en el cargo superior al suyo. Que Dios nos libre, porque si llega a ser senador en el Congreso, no me extrañaría verlo con ganas de ser Presidente. Y ni el Premio Nobel sería suficiente para saciar su ego.
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