¿Elecciones en Cuba o Miami?
By DANIEL SHOER ROTH
Con las uñas afuera en la recta final de la campaña electoral, los dos candidatos a la alcaldía de Miami han sacado la última baraja de la manga: su patriotismo cubano.
Roberto Martín Pérez, que estuvo 28 años preso en Cuba y es venerado por el exilio histórico, se presentó esta semana personalmente en espacios políticos pagados en radio Mambí y WQBA-1140 junto con Joe Sánchez, comentando lo maravilloso que es él, su familia y su arraigado sentimiento cubano.
Armando Valladares, otro ex preso político de renombre en la comunidad y quien fue asignado por el presidente Reagan a la Comisión de Derechos Humanos, en Ginebra, apareció en la estación La Poderosa junto a Tomás Regalado, alabándolo por ser un gran hombre, un gran cubano.
Estas apelaciones de dos figuras prominentes del exilio buscan validar la legitimidad de los candidatos ante el electorado, en especial entre los jubilados cubanos, que son quienes asisten a las urnas predominantemente.
Con problemas tan álgidos como la crisis presupuestaria del gobierno municipal, las negociaciones con los sindicatos que les chupan la sangre a los contribuyentes y el declive atroz de la calidad de vida de los residentes, los vestigios de la vieja politiquería ya no tienen más sentido.
Obviamente, es una estrategia efectiva para ganar votos; pregúntenles a Joe Carollo y Xavier Suárez, quienes exprimieron el tema de Cuba hasta la última gota y no lograron ningún cambio en la isla. Manny Díaz se mantuvo alejado de estas maniobras, pero no es un secreto que se ganó el corazón de los votantes cubanoamericanos por ser el abogado de los familiares de Elián González en la enconada batalla legal por mantenerlo a toda costa en Estados Unidos.
En lo personal, celebro las raíces y el patriotismo que sentimos los inmigrantes y los exiliados por nuestras tierras. El lugar de donde vinimos es parte integral de quienes somos.
Pero el argumento no es válido en una campaña, porque a la hora de elegir a un servidor público, estamos midiendo su competencia y sus valores, no su identidad. Dejarse llevar por lo último es una falta de madurez.
``En Miami, todavía [un candidato] necesitas tener credenciales de que apoyas la causa anticastrista'', observó Darío Moreno, politólogo de la Universidad Internacional de la Florida. ``Si no tienes a alguien prominente entre los ex presos políticos que te respalda puede ser un problema''.
Aunque los tiempos en algo han cambiado. ``Hace 12 años este hubiera sido el tema central de la campaña. En cambio, esta carta la sacaron a última hora porque están desesperados por los votos'', destacó Moreno.
El dolor del exilio no cicatriza porque la tiranía castrista en la isla ha sembrado desesperanza por generaciones al violar los derechos humanos y civiles de los ciudadanos en la isla. Por eso es tan importante la política federal de Estados Unidos hacia Cuba, que sí tiene capacidad para influir en su futuro.
No obstante, valga repetir que esta es una votación para alcalde de Miami, una ciudad norteamericana, y no para sacar a los Castro.
Por cierto, el día que se termine la dictadura nada va a importar que el alcalde de Miami sea cubano o chino. Más bien, lo que será importante es que Miami esté preparado para cuando llege ese gran momento. Desafortunadamente no lo está.
El primer paso ahora es ejercer la democracia saliendo a las urnas. Mientras que el perfil demográfico de Miami ha evolucionado, el del electorado ha permanecido estático.
A ello responde que los candidatos, por más que se propongan desarrollar campañas diferentes, se vean en la necesidad de volver a la politiquería de antaño.
No es el fin del mundo. El punto es que si la campaña de un futuro alcalde recurre a esas mañas propagandísticas, ¿quién nos garantiza que su gobierno no se base en los vestigios del pasado político de Miami? Da escalofrío siquiera pensarlo.
Miami tiene que estar preparado para el gran día. Pero mientras aguarda por ese acontecimiento primero tiene que prepararse para todos los días.
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