Soledad en la autopista
By DANIEL SHOER ROTH
Vemos sus rostros efímeramente. Algunos parecen frustrados; otros son más cordiales. Nos observan hablando en los celulares, ansiosos, apresurados por llegar a algún lugar. Pero si les prestamos atención y les preguntamos cómo están, es posible recibir una sonrisa y, de paso, sonreír nosotros.
Estos testigos silenciosos son los empleados que trabajan en las garitas de los peajes en las autopistas del sur de la Florida, que dentro de poco serán una especie en extinción.
Como parte de la automatización de la vida, las garitas comenzarán a desaparecer gradualmente en los próximos meses para dar paso a detectores electrónicos. Y con éstas, se desvanecerá el único contacto humano directo que tenemos cuando estamos solos frente al volante.
Esta iniciativa de los funcionarios que dirigen las carreteras regionales es una medida para atenuar la congestión del tránsito. Pero en verdad es una curita para tapar la herida, que no es el peaje sino las deficiencias en el transporte público.
De todos modos, el embotellamiento se aliviará provisionalmente, hasta que haya mayor cantidad de vehículos con el crecimiento demográfico. Entonces buscarán otro culpable de la congestión. Ojala que no vayan a ser los semáforos.
Me encuentro entre los clientes satisfechos del SunPass, el programa de peaje prepagado con recargo automático. Ahorro tiempo y dinero. Pagué $25 por el transmisor. Para abaratar ese alto costo, crearon el SunPass Mini, por $4.99.
Además, esta semana, las autoridades del tránsito anunciaron otro programa llamado Peaje por Placa (Toll-by-Plate), para aquellos que deseen continuar pagando en efectivo cuando las casetas cesen de existir. Los clientes, en una primera fase, podrán prepagar sus cuentas en miles de locales comerciales.
No obstante, estoy convencido de que habrá conductores distraídos o con vidas inestables que no se registren en ningún programa y terminen pagando cuantiosas multas. Guardado como un secreto, éste es un beneficio colateral de la medida para la Autoridad de Carreteras de Miami-Dade y el Turnpike.
Es un caso similiar a la reciente eliminación de las transferencias de papel en el Metrobus. Si bien la nueva MetroCard prepagada es más cómoda, los pasajeros que por alguna razón no tienen la tarjeta terminan pagando una multa de $1.50 cada vez que cambian de ruta.
Por otra parte, a principios del año próximo, comenzarán a cobrar peaje por el uso de las sendas rápidas Lexus en la dirección sur de la I-95, el cual se carga a cuentas del SunPass solamente.
Al igual que sucedió el año pasado en las sendas gratuitas en dirección norte, las del sur también son más estrechas, poniendo en juego la seguridad personal de los pasajeros de ``segunda clase''.
Los carriles especiales permitirán la implementación de un necesario sistema de autobuses expresos entre los condados de Miami-Dade y Broward. Para los automovilistas, sin embargo, es un incremento encubierto de los impuestos. Lo demás es puro cuento.
Todos estos proyectos de tránsito buscan enmendar la mala planificación urbana y el descuido de la infraestructura pública a cuenta de los contribuyentes. Y, de cierto modo, fomentan el elitismo en una ciudad donde la disparidad entre ricos y pobres se amplía progresivamente.
Vivimos en un Miami de abusos burocráticos. Como los peajes, que cada vez son más frecuentes y costosos.
Más allá de eso, no me resigno a aceptar que ya no exista la presencia humana en la caseta de peajes, así como pasó en los centros de servicio al cliente, donde sólo ahora podemos conversar con máquinas. No conozco a nadie que pueda estar feliz con este cambio.
¿A quién vamos a preguntar cómo llegar a un lugar cuando desconocemos las indicaciones en medio de la autopista?
Alguien dirá que esto es un gran avance tecnológico y un enorme ahorro de dinero. Pero soy de los que opinan que nuestra ciudad, nuestro estado y, a grandes rasgos, nuestra humanidad, se han perdido en la carretera.
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