GLENN GARVIN: En guerra con las matemáticas
GLENN GARVIN
Cada vez que alguien trata de probar la lógica de la política económica del Presidente usando números reales, la Casa Blanca habla de extraterrestres.
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Cada vez que alguien trata de probar la lógica de la política económica del Presidente usando números reales, la Casa Blanca habla de extraterrestres.
Todas las personas decentes deben hacer frente a los injustos ataques y a las continuas mentiras del islamismo extremista, a veces apoyadas por los que se dicen políticamente correctos. Es una vergüenza tener que oír que Israel es responsable por la ``interrupción de las tratativas de paz'' en el Medio Oriente, cuando en realidad las mismas están paralizadas por la nueva precondición árabe de que los judíos congelen todos los trabajos de construcción en Jerusalén, la propia capital del Estado de Israel.
Estos últimos 57 años de dictadura cubana (siete de Fulgencio Batista y 50 de Fidel Castro) no fueron por culpa de Estados Unidos, ni de ningún país vecino de América Latina. Fue --y es-- por culpa de los cubanos. Los transitorios problemas --de pandillaje, corrupción, anarquía y confusión política que tuvo Cuba en 1952-- no justifican el golpe de Estado que dio el general Batista, descarrilando el camino democrático. Fue solo ambición de poder. Y si aquel madrugón en el cuartel de Columbia al gobierno constitucional de Cuba no se puede defender, menos defensa tiene todavía la revolución extremista que se instauró en 1959. También otra acción de ambición de poder.
Las rotundas victorias republicanas en Virginia y New Jersey son malas noticias para el presidente Obama. New Jersey, particularmente, es un estado sólidamente demócrata, los demócratas gastaron cinco veces más que los republicanos en las elecciones y el presidente Obama fue varias veces para tratar de ayudar a su gobernador John Corzine. Todo en vano. Aunque no se debe exagerar la importancia de este fenómeno, parece evidente que el aura de arrolladora popularidad e invencibilidad política de Obama ha desaparecido. Por el contrario, estar a su lado parece ser cada vez más políticamente peligroso. Es difícil encontrar otro ejemplo de un presidente que haya perdido tanto apoyo en su primer año de gobierno. Quizás no sea de extrañar. El pueblo americano ha puesto en el poder al gobierno más radical en generaciones y ahora está empezando a darse cuenta.
Un año como hoy, los periódicos nacionales vislumbraban una nueva era para la Unión Americana. ``Es Obama: victoria decisiva que hace historia'', decía Los Angeles Times.
Los intelectuales cubanos no parecen ser muy solidarios con sus semejantes durante estos tiempos de incertidumbre donde el anticipado futuro de la isla no acaba de asomar la cabeza y el espíritu parece ser el de ``sálvese quien pueda''.
La caída del muro de Berlín, acontecimiento del que ahora se cumplen 20 años, no sólo marca el principio del fin del totalitarismo comunista en Europa, sino que sirve para concluir, en ese continente, una época de violencia que comenzara con el también dramático pistoletazo de Sarajevo en el verano de 1914 que sirvió de pretexto para el estallido de la primera guerra mundial. Con el derribo del muro (en verdad no se cayó espontáneamente) a manos de la enardecida muchedumbre que tomó las calles para exigir su libertad, terminaba uno de los períodos más negros de la historia europea que, en poco más de setenta años, incluye las atrocidades de dos conflictos gigantescos, a los que se suman la revolución rusa, la guerra civil española, los campos de exterminio nazis y el gulag soviético, para sólo citar algunos hitos pavorosos.
En ciertos aspectos indeseables el Congreso predominantemente demócrata se está pareciendo como una gota de agua a otra al que dominaran los republicanos hasta hace un par de años. Las denuncias de corrupción y tráfico de influencias entre los congresistas andan a la orden del día. En consecuencia la agenda pública se enmaraña, mientras la gente responde de la única forma que puede o sabe: dándoles las peores notas posibles a los legisladores en catárticas encuestas de opinión. La popularidad del Congreso apenas rebasa el humillante 20 por ciento. Y muchos votantes esperan con paciencia a las elecciones para castigar a legisladores.
Más que en otros países de América Latina, el 2009 ha sido un año negro para México:
Mi último artículo, sobre el libro de Juanita Castro, es uno de los que más respuestas ha tenido este año. Infinidad de e-mails. Pocas opiniones sobre el libro, pero positivas, dentro de un mar de bilis porque la gente está harta del modo frívolo con que los medios tratan el caso cubano en esta ciudad.
La semana pasada, en un solo día, Estados Unidos mostró en la práctica que la mediación diplomática y la cooperación en materia de seguridad serán dos de las líneas principales de la política de la administración de Barack Obama hacia América Latina.
No sé de qué se trata, si es mala memoria o qué, pero según yo recuerdo hace poco más de siete años Colombia era un país cercado por los delincuentes. Las FARC habían engañado una vez más al país con una supuesta intención de paz que utilizaron para rearmarse, consolidar sus posiciones en el campo y las ciudades y afinar sus negocios de narcotráfico y comercio de vidas humanas. Los paramilitares contaban con ejércitos de miles de hombres que sembraban el terror en el campo e incluso hacían negocios con sus archienemigos de la guerrilla. Las arcas de los narcotraficantes se desbordaban y nuevos carteles, que reemplazaron a los antiguos, florecían.
Los lectores de El Nuevo Herald comparten sus opiniones sobre los temas más importantes de la actualidad.
Estamos en días de nosisinó, como en los tiempos de cuando para decir que sí nuestras señoritas tenían que empezar diciendo que no, y cuando acababan diciendo que no tenían que empezar diciendo que sí. Así fue en la América Latina de nuestros bisabuelos. La etiqueta de la época así lo exigía. Demandaba una cierta hipocresía en aras del honor. Hoy, generaciones después, en esta otra América que son los Estados Unidos, y también Latina, que es nuestro Miami, el nosisinó nos cae por todos lados desde Washington. Si fuéramos toreros el toro político de hoy nos mataba a todos porque va cabeceando de lado a lado sin ir jamás derecho al capote. Hay falta de ``derechez'', una combinación de actuar derechamente con honradez a la vez. Es como si la honradez en el escenario político de hoy estuviera torcida a la usanza de nuestras señoritas de ayer. Los toros en Washington embisten cabeceando por todos lados. Cabecean por aquí, cabecean por allí, cabecean por todos lados, enfrentando con ``derechez'' poquísimas veces a casi nadie.
Es difícil culpar a la gente por no creer en los políticos. Dicen una cosa en campaña y cuando llegan al poder se les olvida lo que dijeron, hacen exactamente lo opuesto o le echan la culpa a otros por no cumplir sus promesas.