Daniel Morcate
Algunos periódicos de la Florida recibieron una avalancha de llamadas el pasado fin de semana. Eran de votantes republicanos que, dos o tres días antes de la votación del martes, indagaban sobre las posturas de los precandidatos presidenciales de su partido en materia de economía. No hay síntoma más evidente del torbellino de estupideces, tergiversaciones y ataques personales que acabamos de padecer los floridanos en lo que se insiste en llamar, con gran esfuerzo de imaginación, “elección primaria”. Fue, en realidad, un ejercicio en canibalismo político que alguien debería someter al libro de marcas mundiales de Guinness. Al final del día, los electores republicanos tienen a su ganador, Mitt Romney, probablemente el aspirante con mayores posibilidades de darle una buena batalla al presidente Barack Obama. Pero que nadie nos diga que ganó la Florida por ser el mejor. Al menos aquí nunca se trató de eso.