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GUILLERMO DESCALZI: Santa Doris Day y el nosisinó

Estamos en días de nosisinó, como en los tiempos de cuando para decir que sí nuestras señoritas tenían que empezar diciendo que no, y cuando acababan diciendo que no tenían que empezar diciendo que sí. Así fue en la América Latina de nuestros bisabuelos. La etiqueta de la época así lo exigía. Demandaba una cierta hipocresía en aras del honor. Hoy, generaciones después, en esta otra América que son los Estados Unidos, y también Latina, que es nuestro Miami, el nosisinó nos cae por todos lados desde Washington. Si fuéramos toreros el toro político de hoy nos mataba a todos porque va cabeceando de lado a lado sin ir jamás derecho al capote. Hay falta de ``derechez'', una combinación de actuar derechamente con honradez a la vez. Es como si la honradez en el escenario político de hoy estuviera torcida a la usanza de nuestras señoritas de ayer. Los toros en Washington embisten cabeceando por todos lados. Cabecean por aquí, cabecean por allí, cabecean por todos lados, enfrentando con ``derechez'' poquísimas veces a casi nadie.

Quizás siempre haya ocurrido así, y pensar que pueda ser de otra manera sea tan sólo una ilusión, un sueño, una ficción. Ocurre así en política exterior y en política doméstica. En política exterior en Washington no saben si están lidiando con Afganistán o con Afgasistán. No saben si ir o venir, literalmente. El ejército y la CIA cabecean a nuestro torero presidente. El ejército suelta (lo que en inglés se llama liquear) el dato de que nuestra CIA alimenta a los talibanes, porque un aliado de los capos del opio, controlado por los talibanes, está aparentemente en la paga de la CIA. Es nada más y nada menos que Ahmed Karzai, hermano del presidente Hamid Karzai. Hamid, el presidente, un sujeto claramente oscuro, seguirá en la presidencia como hijo de un mandato electoral ilegítimo, forzado por Washington para que se ``legitimice''. Si alguien entiende esto entonces entenderá también las razones del nosisinó en el caso afgano.

Más fácil sería instalar aire acondicionado en el infierno. Mientras en la Casa Blanca no saben si sí o no se quedan en Afganistán, la Agencia Central de Inteligencia y el ejército cabecean para ver para dónde volteará Obama. Mientras tanto el presidente espera con aparente calma que llegue el momento de capear al toro este. En política doméstica el independiente senador Lieberman cabecea tanto que se debiese traer ya al picador y los banderilleros a que le bajen la cabeza. El voto ahora-sí-ahora-no de Lieberman a los demócratas lo anuncia ahora como un no en reforma de salud, como toro-filibustero, y lo hace de manera tan claramente oscura que nadie sabe si acabaremos en Salusistán o Salunostán en reforma de salud. ¿Y qué hay de la apertura crediticia, de las modificaciones y refinanciaciones hipotecarias, de la austeridad espartana para borrar la deshonra de Wall Street? ¿Dónde están? ¿Están ya aquí? Nosisinó. Mientras tanto, juguemos a la ronda mientras el lobo está. Lobo, ¿estás? Nosisinó. ¿Creación de empleos? Nosisinó. Y sobre la promesa de Obama de acabar con la hipocresía sobre los gays en el ejército, ¿la está cumpliendo? Nosisinó, nosisinó. Y nosisinó también a la reforma migratoria. A veces pareciera como si el Obama que llegó a la presidencia fuese devoto de Santa Doris Day, cuya plegaria reza qué será, será / será lo que habrá de ser / el futuro no puedes ver / lo que ha de ser será.

Con esas actitudes, damas y caballeros, da lo mismo si sí o si no, ¿nosisinó? Ahora, en aras de la verdad, quizás sea que el nosisinó se da sólo porque andan revueltos el sí y el no en las aguas embalsadas de la colina del Capitolio. Quizás cuando se rompa el dique se separen y lleguen a su fin los días del nosisinó en Washington. Quizás todo depende del desembalse, todo. Todo depende de si Washington logra un sí o un no en salud, y cómo resuelven el dilema de Afganistán. Mientras tanto el nosisinó reina, y eso es lo peor que puede pasar. Una cosa es clara: no se puede dar mucho más embalse porque se rompe el dique. Pronto se separarán el sí y el no y llegará quizás a su fin el patrocinio de Santa Doris Day sobre los altares de Washington o no. Es un momento definitorio. En lo poco que queda de este año Obama o nos lleva a un sí o a un no en salud y Afganistán.

hora, hay que decir en justicia que la parsimonia de Obama quizás sea producto de una calma sabia en su interior. Quizás, y quizás sea lo mejor, lo más prudente ante las arremetidas de los toros que cabecean en la capital. Quizás, y quizás nos sorprendamos todos cuando veamos claramente como acabará esto. Eso es lo que hay que buscar: claridad. No hay quien aguante mucho más nosisinó en el país, ni cuerpo aquí que lo resista. ¿Será? Santa Doris Day lo sabrá. ¿Nosisinó?

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