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OSCAR PEÑA: Cuba y sus vecinos

Estos últimos 57 años de dictadura cubana (siete de Fulgencio Batista y 50 de Fidel Castro) no fueron por culpa de Estados Unidos, ni de ningún país vecino de América Latina. Fue --y es-- por culpa de los cubanos. Los transitorios problemas --de pandillaje, corrupción, anarquía y confusión política que tuvo Cuba en 1952-- no justifican el golpe de Estado que dio el general Batista, descarrilando el camino democrático. Fue solo ambición de poder. Y si aquel madrugón en el cuartel de Columbia al gobierno constitucional de Cuba no se puede defender, menos defensa tiene todavía la revolución extremista que se instauró en 1959. También otra acción de ambición de poder.

Si en 1959 se pone sobre una mesa el mapa de nuestro hemisferio y se pregunta qué país de América Latina necesitaba una revolución radical e intransigente --después de aclarar que es un mal que no necesita ningún país-- observaría que Cuba estaba entre los últimos a seleccionar por esos involucionarios. Si algún país tenía buena presencia social y económica en América Latina, era Cuba. Solo obsérvese que toda la infraestructura, hospitales, edificios, túneles, vías, etc., que tiene el país hoy fueron hechos antes de 1959. Antes de ese año el país sí tuvo una verdadera revolución económica. La revolución de Castro fue contra la nación cubana. Hoy el pueblo se conformaría sólo con poder regresar a la situación económica que tenía el país el 1ro de enero de 1959. La inconformidad y la irresponsabilidad social de los cubanos trajeron los lodos de estos largos años.

El pueblo cubano ha tenido en este medio siglo rachas de mala suerte. Hemos pagado bien caro nuestras ligerezas. Aparte de retroceder como país y de erosionarnos, dividirnos y regarnos por el mundo, también hemos sufrido indolencia y falta de sensibilidad política del mundo exterior. Es inconcebible que la mayoría de los países y las instituciones mundiales hayan pensado que la Cuba de Fidel Castro es una isla de libertad y un ejemplo. Sin embargo, así ha sido el drama cubano. Un régimen científicamente totalitario y matador de todas las libertades con inexplicable simpatía extranjera.

Y si hablamos de nuestros vecinos latinoamericanos el cuadro es todavía más deprimente. El pueblo cubano, en las últimas cuatro generaciones, necesitaba que sus vecinos fueran un ejemplo, un faro de motivación social y ciudadana, pero desafortunadamente descubrimos que no, que muchos simpatizan con Fidel Castro porque nunca habían alcanzado la atención sanitaria y educacional que tenía Cuba antes de 1959, ni nuestro desarrollo económico. Aun con estos 50 años de destrucción La Habana impresiona y el pueblo cubano de ayer y de hoy --culturalmente, científicamente y económicamente-- es la diferencia. Solo nos falta aprobar la asignatura de libertad, respeto a las leyes y seriedad cívica.

El mal ejemplo político, económico y social de América Latina también ha sido un importante factor a favor del régimen de Castro para confundir más al pueblo cubano sobre la opción de libertad. Cuando uno piensa que todos observan de manera negativa que un hombre tenga las riendas del poder 50 años consecutivos, se sorprende que lejos de criticarlo, muchos gobernantes de América Latina desean imitarlo y perpetuarse en el poder, cambiando las leyes y las constituciones de sus países. Roguemos por que el último aporte del presidente de Colombia a la democracia no sea el de reelegirse por tercera vez y convertirse en una bandera.

OscarpenaCUBA@att.net

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