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MERCEDES SOLER: Turismo criollo

Han pasado los peores meses de calor; el sofocante verano de nuestro paraíso subtropical. Lentamente comenzamos a aventurarnos más lejos de nuestras madrigueras, aclimatadas con aire acondicionado, sin temor a fundirnos con las mismísimas piedras bajo un sol que premia al verdor vegetal a expensas de los seres de sangre caliente, cuyo único recurso depende de adaptar sus pulmones a la inhalación del aire líquido; la humedad de nuestro invernadero. Llegó la época paradisíaca que hizo famosa a Miami como destino turístico mundial.

Los próximos meses serán perfectos para explorar las maravillas autóctonas que tantos extranjeros vienen desde lejos para disfrutar y que muchas veces nosotros, los nativos, las menospreciamos. Es reconfortante recordar que, en momentos en que la economía no da para derrochar en viajes exóticos lejanos, todavía nos queda mucho por descubrir de nuestra historia local.

En un domingo reciente, reservé cupo para participar en uno de los fascinantes recorridos del reconocido historiador del Miami Dade College, Dr. Paul George, auspiciados por el Museo Histórico del Sur de la Florida. El nuestro sería un tour en bicicleta, por el municipio de Pinecrest, un área al sur de Miami que me encanta por su enorme cantidad de áreas verdes, incluyendo el antiguo Parque de las Cotorras, hoy conocido como Pinecrest Gardens, donde nos dimos cita para comenzar la excursión.

Después de visitar su laguna, que una vez fuera hogar de una bandada de flamencos rosados y hoy es habitada por un cisne, una familia de patos y varias especies de iguanas, admiramos la copiosa flora y aprendimos sobre la procedencia del llamado ``árbol de los chorizos''. De ahí enfilamos hacia la vieja entrada de Coral Gables entre Old Cutler Road y Red Road, donde un letrero hecho a mano y puesto en la fachada de la casa de bomberos advierte contra la recogida de cangrejos, porque el hammock, la selva subtropical que todavía arropa la zona, sigue siendo el mismo hábitat natural que conocieron los indios tequesta.

Paramos para apreciar la importancia comercial náutica que una vez tuvo el riachuelo Snapper Creek en el desarrollo de la agricultura del sur del condado. De ahí pedaleamos frente al jardín tropical Fairchild, una joya digna de su propio tour, hasta penetrar Matheson Hammock. El profesor disertó sobre los pioneros que urbanizaron esta región en el siglo XIX y legaron a nuestro condado las enormes parcelas, de cientos de acres de sus propias tierras, para la creación de estos fabulosos espacios naturales públicos.

Porque la experiencia fue tan agradable e instructiva, a la semana siguiente acompañamos al Dr. George en otro de sus viajes. Esta vez hicimos el paseo en el barco Island Queen, que partió desde Bayside. El historiador habló sobre las familias ricas y los urbanizadores que desarrollaron la arquitectura que hoy adorna el litoral de la Bahía de Biscayne. Nos adentramos en el Parque Nacional Biscayne hasta llegar a Stiltsville, las siete casas de madera que todavía quedan de una comunidad marina erigida sobre pilotes hace casi cien años en bancos de arena de tres pies de profundidad. Hoy en desuso la mayor parte del año, su belleza de postal evoca el espíritu de libertad y la mística seductora que varios huracanes no han logrado arrasar y que todavía inspiran nuestras orillas turquesas.

Estos paseos urbanos, cortos y accesibles, son un excelente recurso de distracción. También sirven para entender más a fondo las historias y las intrigas, las vidas y las motivaciones de las personas que ayudaron a forjar la ciudad que hoy hemos hecho nuestra. Los recorridos, que comenzaron en septiembre, se extienden durante todos los fines de semana hasta finales de enero. Abarcan desde el sur del condado hasta Ft. Lauderdale, incluyendo la Pequeña Habana, el centro de Miami, Coral Gables, la Torre de la Libertad, las zonas Art Deco de la playa, la isla Fisher, los ríos Miami, Oleta y New River, el parque Everglades, además de alguno que otro cementerio en los que, además de los sepulcros, se exploran leyendas de ultratumba. Más que playas y vida nocturna, Miami encierra incontables tesoros, naturales, arquitectónicos y culturales que, aunque crea que ya conoce, valen la pena ser descubiertos de nuevo.

mercedesenelnuevo@gmail.com

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