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Simeone tambalea en River y Boca de fiesta

Carlos Bianchi
Carlos Bianchi AFP/Getty Images

Los superclásicos entre Boca Juniors y River Plate tienen ese extraño don de tapar las peores miserias del ganador y volverse en un infierno para el vencido.

Boca, en crisis por las diferencias que salieron a la luz pública entre sus jugadores y que le valieron el mote de "cabaret'' a su vestuario, se llevó una victoria después de cinco años por 1-0 en la visita a su eterno rival, que pese a su mediocre campaña en el torneo Apertura se ufanaba de la unidad de su grupo.

Un día después, los boquenses viven una calma aparente y disfrutan haber hundido al último campeón en el fondo de las posiciones, en la que hasta aquí es la peor campaña de su historia.

Con la derrota ante un rival en inferioridad numérica casi todo el segundo tiempo, algo se quebró entre los futbolistas y el técnico de River Diego Simeone, quien tendría decidido dar un paso al costado si su equipo no supera la serie ante Chivas de México en los cuartos de final de la Copa Sudamericana.

"Todos aquellos que entiendan el momento'', respondió el "Cholo'' Simeone cuando un periodista le preguntó cuántos de los jugadores que perdieron ante Boca saldrían como titulares el miércoles ante el conjunto mexicano.

En la vuelta a los entrenamientos este lunes, Simeone no cruzó palabra con sus dirigidos, que realizaron trabajos físicos y quedaron concentrados para la Sudamericana.

"Los compañeros están tristes. No hay marcha atrás. Tenemos que aprender de los errores y pensar que nos queda un objetivo. Ya demostramos que nos podemos levantar'', dijo el uruguayo Sebastián Abreu, el único que aceptó el diálogo con periodistas.

Abreu, habilitado para jugar solamente la Sudamericana, destacó que "si tuvimos reacción el semestre pasado la podemos tener ahora'', en referencia a la noche fatídica en la que San Lorenzo, con nueve jugadores y dos goles abajo, eliminó a River de la Copa Libertadores.

Los millonarios pasaron el trance y luego ganaron el torneo Clausura, dejando atrás una sequía de cuatro años sin títulos.

Pero para los hinchas, Simeone cometió el peor de los pecados: perdió los dos clásicos oficiales del año por el mismo marcador.

"Hay que tratar de festejar, pero con mucha tranquilidad. No son más que tres puntos, además le ganamos al último del torneo'', ironizó el técnico de Boca, Carlos Ischia, que antes del clásico estaba en las cuerda floja tras una serie de derrotas que lo alejaron del líder San Lorenzo, pero sobre todo por su aparente incapacidad para manejar un vestuario de estrellas.

En las dos semanas previas al clásico, Ischia sacó del equipo al arquero Mauricio Caranta por motivos nunca aclarados y le estalló en la cara la pelea pública que mantuvieron el defensor paraguayo Julio César Cáceres y el enlace Juan Román Riquelme. El primero lo acusó de falta de compromiso, a lo que el otro respondió lejos de la sutileza de su formidable pegada.

La cosa empeoró cuando trascendió que la mayoría del plantel coincidía con el paraguayo.

En el campo de juego, la interna no se notó. Riquelme y Cáceres se lucieron en el clásico y tras el pitazo final se fundieron en un abrazo.

"Dentro de la cancha tenemos que ser hermanos y sacar adelante al equipo como se hizo'', explicó el enganche.

En pocas semanas, River podría tener su revancha ante Boca si ambos acceden a las semifinales de la Sudamericana.

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