Deportes

Piloto cubano mereció mejor suerte para el Mánager del Año

Associated Press

Dicen que los mánagers no tienen un gran impacto en una temporada de 162 partidos. Hay incluso dirigentes que, como en el caso de Fredi González, aseguran que a lo sumo influyen en "unos cinco o seis desafíos por año''.

Sobre la base de este razonamiento sería un sinsentido elegir el galardón de Mánager del Año. Sin embargo, es una distinción establecida y como tal es inútil contravenirla y negar el mérito que año tras año obtiene el piloto que es seleccionado.

Joe Maddon, mánager de los Rays de Tampa Bay, fue escogido por los miembros de la Asociación de Cronistas de Béisbol en la Liga Americana, premiándolo así por el insospechado rendimiento que experimento el conjunto floridano que llegó a disputar incluso la Serie Mundial.

Ya se ha escrito bastante de la forma de dirigir de Maddon, quien cita a escritores como Albert Camus, escucha la música de Bruce Springteen o U2 y conoce de vinos como el mejor sommelier.

Con la nómina más baja de la Americana, $44 millones, los Rays descastaron a los Yankees de Nueva York y Medias Rojas de Boston y se erigieron en los monarcas de su circuito. Bajo este fundamento, Maddon fue elegido casi en forma unánime como Mánager del Año.

La Liga Nacional es otro caso.

Lou Piniella dirigió con éxito a los Cachorros de Chicago que lograron el mejor récord de la Nacional para imponerse en la División del Centro. Sobre esta base fue elegido como el Mánager del Año en el viejo circuito.

Pero, ¿cuál pudo haber sido el aporte de Piniella? Chicago inició la temporada con una nómina de casi $120 millones. Fue considerado como el favorito para imponerse en su división, gracias a un sólido pitcheo encabezado por el venezolano Carlos Zambrano y a una alineación productiva en la que sobresalían los dominicanos Alfonso Soriano y Aramís Ramírez, y el ex Marlin Derrek Lee.

Nadie puede decirlo con certidumbre, pero creo que este mismo equipo, con cualquier otro mánager de las Mayores, hubiese hecho un trabajo similar al que realizó en la temporada regular.

Ahora bien, ¿cuántos mánagers hubiesen, por ejemplo, mantenido vivos a los Marlins de Florida hasta la última semana de la temporada?

Eso fue lo que hizo González.

El cubano creyó, como nadie, en lo que eran capaces los peces y desde la primera semana del spring training lo reiteró, pese a la escuálida nómina de $22 millones, de lejos, la más pordiosera de la gran carpa.

Y no eran palabras vacías, lugares comunes tantas veces proferidos en la pelota.

Fredi sí creía en lo que decía y, lo más importante, logró contagiar a los jóvenes Marlins con ese espíritu, con esa filosofía de que al final por mucha diferencia de dinero que haya entre los equipos, los partidos se juegan nueve contra nueve.

Y cuando el mánager logra que sus peloteros abracen ese postulado, sí que hace una gran diferencia. Mucho más que la de cinco o seis partidos al año.



Envíe sus cartas y comentarios a:

lrangel @elnuevoherald.com



  Comentarios