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Los dos mejores zurdos del mundo son propiedad de Nueva York

En Nueva York al parecer no ha llegado aún la recesión. La gran manzana ostenta, a partir de ayer, a los dos lanzadores que más dinero ganan en la pelota.

CC Sabathia finalmente se decantó a favor de los Yankees de Nueva York, que le hicieron una oferta que fue imposible rechazar: $161 millones por siete temporadas.

De esta forma, y en medio de una crisis económica que afecta a todo el planeta, el zurdo de 28 años se convirtió en el pitcher mejor pagado del béisbol, superando la marca que logró antes de la pasada temporada Johan Santana, a quien los Mets le extendieron un convenio de $137.5 millones por seis contiendas.

¿Cómo es posible que en un momento donde todos buscan ahorrar y cortar costos se extienda un convenio semejante?

Las 36 victorias de Sabathia en las dos últimas temporadas, junto a la disposición que presentó en la contienda pasada de lanzar con tres días de descanso en varias oportunidades para impulsar el chance de los Cerveceros de Milwaukee, y una presencia prácticamente mínima en la lista de lesionados a lo largo de su carrera, formó un trío que pudo más que los argumentos económicos.

Y ahí, más allá del hecho que ambos sean zurdos y de que sean hoy día los pitchers más ricos del planeta, surgen más parecidos con Santana, un serpentinero exitoso --con dos premios Cy Young en sus alforjas--, con una gran actitud hacia su trabajo y una salud sólida.

El destino --en cuyo rostro también está la adversidad y la mala suerte-- es ciego y no siempre es más benevolente con quién tiene más dinero. La historia ha probado que los contratos de más de $100 millones para un pitcher traen infortunio para los equipos.

Antes de Sabathia, cuatro lanzadores habían recibido pactos de semejante cantidad de dinero. El primero fue Kevin Brown, en 1999 con los Dodgers, equipo que no pasó jamás a la postemporada mientras el ex Marlin estuvo en la organización.

Después de la contienda de 1999, Brown promedió nueve triunfos por año en medio de las lesiones y para el 2005 lanzó su última pelota.

El segundo serpentinero fue Mike Hampton, a quien los Rockies de Colorado le dieron $121 millones por ocho contiendas. El zurdo nunca pudo dominar la traicionera altitud del Coors Field y llegó a estar hasta dos años fuera de la pelota. En su pasantía apenas le dio 21 triunfos al equipo que todavía le sigue pagando.

Barry Zito se convirtió en el tercero cuando los Gigantes de San Francisco le entregaron $126 millones por siete contiendas. El resultado: lesiones, descontrol y una foja de 21-30 con 4.83 de efectividad.

Sabathia, al igual que Santana, esperan reescribir la historia y probar que los equipos que apuestan grandes sumas de dinero a los lanzadores no los asalta la calamidad. Y esta es otra analogía que con toda seguridad les gustaría compartir.



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