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Clemente, un héroe eterno del béisbol

Su nombre es inmortal. Su inmortalidad es el fruto de la obra que escribió dentro y fuera del terreno de juego. Una obra que permanece grabada con letras de oro en el deporte de las bolas y los strikes.

Roberto Clemente ha sido uno de los mejores peloteros de la historia. Nació el 18 de agosto de 1934, en Carolina, Puerto Rico.

Desde muy joven demostró sus excelentes credenciales como jugador.

A la edad de 14 años lo descubre el buscador de talento Roberto Marin y en 1952 lo firma con el equipo de los Cangrejeros de Santurce en la liga invernal del béisbol profesional de Puerto Rico.

Debutó en Grandes Ligas en 1955 con el uniforme de los Piratas de Pittsburgh, equipo donde se mantuvo hasta el día final de su carrera.

Los Piratas ganaron la Serie Mundial de 1960 frente a los Yankees de Nueva York y Clemente terminó con promedio de .310, siendo uno de los jugadores claves en el triunfo de su equipo.

Conquistó cuatro coronas de bateo entre 1961 y 1967 y ganó 12 premios Guante de Oro por su defensa en el bosque derecho.

Según algunos especialistas, el boricua ha sido el mejor jugador defensivo de su posición en las Mayores.

Los Piratas regresaron a la Serie Mundial en 1971 y vencen a los Orioles de Baltimore en siete partidos.

Clemente batea en esa serie para un promedio de .414 al sumar 12 imparables en 29 turnos al plato, incluyendo dos jonrones, siendo elegido por su actuación el Jugador Más Valioso del Clásico de Octubre.

En 1972, el ídolo de Carolina termina la campaña pegando el imparable 3,000 de su brillante carrera, un doblete frente al lanzador de los Mets de Nueva York, Jon Matlack.

Clemente fue una persona con una elevada calidad humana y un luchador incansable ante la injusticia que aún prevalecía en su época con los peloteros latinos en las Mayores.

Por sus habilidades atléticas y por su dignidad personal, supo ganarse el respeto y el cariño de los aficionados, dirigentes y jugadores.

Su interés genuino hacia los menos afortunados lo impulsó a iniciar una campaña de ayuda para las víctimas del terremoto de Managua, Nicaragua.

El 31 de diciembre de 1972, en vispera del Año Nuevo, viaja a la capital nicaragüense con las provisiones para los damnificados.

El avión fletado cae al mar y Roberto pierde su vida de forma trágica.

El béisbol se cubrió de luto con la muerte de uno de sus mejores exponentes.

Clemente lo hacía todo bien en el diamante. Bateaba, fildeaba, corría, jugador inteligente y dueño de uno de los brazos más poderosos y certeros a las bases.

Fue un grande entre los más grandes jugadores de este deporte. Un gigante que tenía dos corazones: un corazón de león en el terreno y el otro de oro como ser humano.

Escribir de Clemente es un privilegio. Privilegio que enaltece y nos llena de orgullo. El orgullo de recordar a uno de los peloteros más ilustres de todos los tiempos.

Roberto Clemente es un ejemplo a seguir para las presentes y futuras generaciones. Su nombre es inmortal.

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