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Un cubano en la gerencia de los Marlins

MICHAEL HILL, un gerente ideal para la causa de los Marlins.
MICHAEL HILL, un gerente ideal para la causa de los Marlins. El Nuevo Herald

La frase la evoca con cariño.

"¿Dónde está Miguelito?".

Con ella se agitan las mariposas de la memoria.

Con ella emanan los mimos de los queridos abuelos y aquel idioma que en pleno corazón de Ohio sólo ellos hablaban y que él entendía.

Y con ella se estremece el inmemorial aroma de café cubano que de niño lo despertaba cada mañana.

Miguelito era en realidad Michael, un niño vivaz, afroamericano, que degustaba con frecuencia habichuelas con pollo sin saber que aquel era un plato tradicional del país de sus abuelos, y que con el tiempo se convertiría en el primer gerente general de un equipo de Grandes Ligas con raíces cubanas.

"Yo soy 50 por ciento cubano'', admite Michael Hill, vicepresidente y gerente general de los Marlins de Florida.

Los abuelos de Hill, oriundos de Marianao, se asentaron en 1956 en Cincinnati y ahí su mamá, Irene, se enamoró de aquel vecino afroamericano con el que se casaría y procrearía a Michael, quien en cada reunión familiar quedaba extasiado con el idioma de sus abuelos.

"Me costó aprenderlo, porque en Ohio en esa época no había muchos latinos hablando español. Además mi mamá ya hablaba inglés cuando llegó acá, así que fue un hogar en el que reinó el inglés, pero como pasé mucho tiempo con mis abuelos aprendí el idioma con ellos'', evoca Hill.

De aquellos entrañables abuelos, Michael heredó no sólo aquel puñado de imágenes de la Cuba que conocieron, sino también la pasión por la pelota, que en América Latina se vive con un frenesí inigualable.

"Me hablablan de la belleza de las playas y de que era un lugar bellísimo. Escuchar esos relatos era muy importante para mí, porque era la historia de mi familia'', admite.

Fue tanta la insistencia de no olvidar sus raíces, que Hill asistió a colegios bilingües hasta que accedió a la prestigiosa Universidad de Harvard. Incluso ahí, estudiando la carrera de Gobierno, tomó clases de español.

En Harvard jugó béisbol y football, especialidad en la que brilló como running back. Pero a la hora de hacerse profesional, fue el linaje latino y los recuerdos de la Maquinaria Roja de los años 70 los que primaron en la decisión que cambiaría su vida.

"Escogí el béisbol y fui seleccionado en el draft por los Rangers de Texas en 1993. En las Menores me reencontré con el español al tener tantos compañeros dominicanos, venezolanos y puertorriqueños'', recuerda.

Aunque como pelotero nunca pudo llegar a las Grandes Ligas, Hill sí encontró otra vía para hacerlo.

En 1995 inició su carrera como ejecutivo con los entonces Devil Rays de Tampa Bay y luego en el 1999 se fue a los Rockies de Colorado como director de desarrollo de jugadores. Poco después iniciaría su trajinar con los Marlins, en donde el año pasado se convertiría en el gerente general de la organización.

Hoy en día es considerado uno de los ejecutivos más inteligentes de la pelota y el conjunto floridano así lo reconoció al firmarle una extensión hasta la temporada del 2015.

Para Hill todos estos logros empezaron hace mucho tiempo, en Marianao, de donde emanan muchas enseñanzas de sus ancestros, entre ellos Vicente, hermano de sus inolvidables abuelos.

Y con Vicente, la conexión que se enraiza con más profundidad en su pasado cubano, espera algún día volver a tropezarse con las estampas que gracias a los cuentos de sus abuelos quedaron germinados en su memoria.

"Me gustaría ir con mi tío Vicente para Cuba, de hecho lo estuvimos hablando para hacerlo. Quiero tener la oportunidad de regresar para ver parte de mi historia'', confiesa.

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