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El hijo de Fidel Castro ejerce su poder en el equipo Cuba

El hijo de Fidel Castro y doctor de la selección cubana de béisbol, Antonio Castro, asiste al pitcher Norge Luis Vera tras lesionarse una pierna en el juego contra México.
El hijo de Fidel Castro y doctor de la selección cubana de béisbol, Antonio Castro, asiste al pitcher Norge Luis Vera tras lesionarse una pierna en el juego contra México. AP

Antonio Castro puso a un lado su guante y su Blackberry y a las 12:50 p.m. el médico de la selección cubana tuvo el privilegio que sólo los peloteros tienen: tomar una práctica de bateo.

Desde que llegó al terreno a las 11 de la mañana, el hijo de Fidel Castro parecía un jugador más en el conjunto antillano. Con zapatos deportivos --marca Mizuno-- y un guante, se colocó en los jardines capturando pelotas y compartiendo con otros beisbolistas de la "Máquina Roja''.

No es muy común ver al trainer de un equipo haciendo esto, pero tampoco es muy habitual ver al mánager recogiendo pelotas, como lo hizo en un pasaje de las prácticas Higinio Vélez. De hecho, muchos se preguntan qué por ciento de las decisiones de béisbol llevan el sello de Vélez y cuánto de Antonio, un hombre que parece disfrutar de su poder dentro del equipo antillano como si se tratara de lo más natural del mundo.

"No sé aquí, pero en Pekín [los Juegos Olímpicos] sí era evidente que Antonio Pacheco [entonces el mánager] lo tenía bien en cuenta para cualquier paso que se diera'', comentó una fuente que estuvo en la capital china. "Velez posee mayor autoridad que Pachecho y no por gusto es el comisionado, pero Antonio es el hijo de su padre y eso pesa más que cualquier cargo del mundo'', amplió.

No existe, al menos en el Clásico Mundial, otro médico o masajista que tenga la autoridad de Antonio Castro, una especie de estrella agregada a la escuadra cubana y al que se le puede ver a toda hora al lado de una especie de guardaespaldas personal de piel morena y profuso bigote.

Castro finalmente tomó el home plate para enfrentar las rectas de Francisco Escaurido, coach de primera de Cuba y quien es el encargado de lanzar las prácticas de bateo.

Sin la misma velocidad, pero con suficiente fuerza en sus pitcheos, Escaurido enfrentó al hijo del mandatario cubano, quien mostró sus habilidades con cada swing a los lanzamientos.

En total fueron 15 lanzamientos y Antonio Castro conectó 14 de ellas, en su gran mayoría hacia el jardín izquierdo, y un puñado hacia el centro. Ninguna rebasó la cerca, pese a los pedidos, más en broma que otra cosa, de los miembros de la delegación.

No fue el único que disfrutó del soleado día en el Petco Park. Periodistas y otros integrantes de la representación cubana en San Diego aprovecharon para tomarse fotos con la impresionante pantalla del estadio como fondo de sus gráficas. "Oye, que se vea atrás que dice Petco Park'', era el clamor de los antillanos, casi todos embutidos en chaquetas con los colores de la bandera de su país.

A las 12:55 hora local, todo terminó.

La delegación desapareció en las entrañas del inmenso parque de los Padres de San Diego rumbo hacia el hotel Westin, en donde les tocará esperar hasta la noche del miércoles para volver al terreno a enfrentar, por su superviviencia en el torneo, a uno de los peligrosos gigantes asiáticos de la pelota.

Ahí, en el resguardo de sus habitaciones, lejos de las protestas --la noche del lunes se enfrentaron con un grupo de aficionados que gritaron consignas anticastristas en las afueras del estadio y que provocó un incidente en el que estuvieron involucrados agentes de la seguridad cubana--, les toca enfocarse en el partido más importante en los últimos años para el béisbol de la isla.

Una fuente cercana a la delegación aseguraba que se sentían más cómodos para enfrentar a Corea del Sur. "Japón es el único equipo que les preocupa y que los pone realmente a la defensiva'', señaló.

Un revés en San Diego significaría el peor resultado en un torneo de béisbol para Cuba en siete décadas. Una victoria le daría el boleto a Los Angeles y a Antonio Castro la oportunidad de seguir disfrutando de su poder dentro del equipo y quizás, en un estadio un poco más amigable para los bateadores, poder conectar aunque sea una pelota más allá de la cerca.

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