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Padre e hijo brillan en las pistas de carreras

Andrew Carbonell y su padre Alfredo, un ex piloto de carrera, tiene en su haber múltiples triunfos en competencias profesionales.
Andrew Carbonell y su padre Alfredo, un ex piloto de carrera, tiene en su haber múltiples triunfos en competencias profesionales. C.M.Guerrero/el Nuevo Herald

Alfredo Carbonell, quien llegó a Estados Unidos en la Operación Pedro Pan en 1961 cargado de incertidumbres, hizo realidad uno de sus mayores sueños al ganar junto con su hijo Andrew una carrera de automovilismo profesional en la Serie Grand-Am.

El 15 de agosto pasado, en la prueba de Trois-Rivieres, Quebec, Canadá, padre e hijo, al volante de un Mazda MX5, cruzaron la meta en primer lugar gracias a un hecho fortuito.

"Yo había viajado a Canadá para apoyar a mi hijo, pero no estaba programado para correr'', comentó Alfredo Carbonell. "El piloto designado Rhett O'Doski tuvo un inconveniente de último momento, y el dueño de la escudería me preguntó si yo quería reemplazarlo, y no dudé un instante en aceptar''.

La carrera fue en un circuito callejero, y Alfredo Carbonell se encargó de diseñar la estrategia a seguir y fue el primero en tomar el volante.

"Al momento del cambio, no dejé el bólido en los mejores lugares'', comentó Alfredo Carbonell. ‘‘Andrew tuvo la paciencia y la pericia de ir superando a sus rivales hasta colocarse en la punta y cruzar primero la meta''.

Ahora Alfredo Carbonell califica esta experiencia como la más hermosa que ha pasado, como la coronación de todos los esfuerzos de una vida de entrega y pasión por el automovilismo y porque ese triunfo significa la continuidad de ese fervor por la velocidad, ahora que su hijo Andrew ha tomado la posta.

El amor por el automovilismo lo tiene Alfredo Carbonell desde que sobre un balcón céntrico vio correr en las calles de La Habana a Juan Manuel Fangio, un 25 de febrero de 1957, cuando el legendario piloto argentino ganó el Gran Premio de Cuba, a bordo de un Maserati 300S.

"Entonces me dije que yo sería corredor de autos'', recordó emocionado Alfredo Carbonell. "Y gracias a Dios pude cumplir ese deseo''.

Al año siguiente, Fangio fue secuestrado en La Habana y no pudo volver a correr el GP cubano.

En 1961, Alfredo Carbonell fue enviado por sus padres fuera del país.

Recuerda que en medio de la angustia y la incertidumbre que significó embarcarse en la Operación Pedro Pan, sentía que le daba seguridad un consejo que le dio su abuelo Armando Parajón antes de partir: "Vas a ir a un gran país y vas tener que estudiar y tener una profesión''.

Alfredo Carbonell cumplió al pie de la letra las recomendaciones de su abuelo.

"Yo amaba las carreras de autos y la mejor manera para estar ligado a ese mundo era estudiar mecánica'', explicó. "Me gradué como ingeniero mecánico y empecé a correr autos''.

Fue a la escuela de pilotos Skip Barber Racing School, en Seabring, Florida, para perfeccionarse y ser un corredor profesional.

Con el patrocinio de Maserati, en 1986, ya como ingeniero y piloto, empezó a correr con la famosa marca italiana y gracias a su destreza y a sus indicaciones mejoró mucho el rendimiento de su bólido de 600 caballos de fuerza.

Luego pasó a la Chrysler e integró el equipo de Paul Rossi.

Mientras, la vida transcurría. Alfredo se casó tres veces y tuvo cuatro hijos.

El menor de ellos es Andrew, de 19 años, nacido en Miami.

Vivir en un ambiente de tuercas hizo que Andrew desarrollara también la pasión por los autos. A los 12 años empezó a destacarse en los go-karts, su padre le compró uno, ganó varias carreras y se consagró campeón de karting en Homestead.

Debido a sus éxitos en el karting, el paso de Andrew al automovilismo fue un proceso natural y ahora cumple su primer año completo como profesional. Forma parte de la escudería Freedom Autosport en la Serie Grand-Am Koni Challenge, categoría ST.

Cuando faltan dos carreras para que concluya la temporada, Andrew marcha en cuarto lugar en el campeonato y el segundo lugar entre los pilotos con más vueltas a la cabeza de la carrera en esta campaña.

Su próxima carrera será en Miller, en Salt Lake City, Utah, el 18 de septiembre.

Andrew se entrega con alma, corazón y vida al automovilismo y el triunfo con su padre en una carrera no es sólo también el sueño de su vida sino además una inspiración que lo va a ayudar en su lucha por conseguir otro gran anhelo.

"Quiero ser un piloto profesional y algún día correr en la serie NASCAR'', comentó Andrew. ‘‘En estos momentos estoy estudiando, en FIU, Ingeniería Mecánica, espero graduarme y algún día ganarme la vida en las pistas''.

Alfredo Carbonell confía en que su hijo hará realidad el sueño que él ya alcanzó.

"Tiene disciplina y talento'', afirmó Alfredo Carbonell. "Siempre ha sacado buenas notas en el colegio y ahora en la universidad. Se dedica al automovilismo y no escatima esfuerzos. Eso es lo que me hace pensar que va a llegar a donde ha trazado su meta''.

Andrew confiesa que el mayor desafío en esta actividad es siempre estar en forma para responder a las exigencias que demanda correr a más de 140 millas por hora.

"Trato de estar en óptima forma física y tener siempre la mente clara'', afirmó Andrew. ‘‘Dentro de auto uno está a una temperatura de 120 grados F y hay que estar muy atento, 100 por ciento concentrado. Siempre busco los consejos de mi padre y trato de mejorar''.

Alfredo y Andrew Carbonell vienen haciendo historia en el automovilismo miamense y latino. Ambos comparten una misma pasión y juntos han demostrado que pueden alcanzar grandes cosas.

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