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Una gloria del béisbol amateur cubano

EL CUBANO Rolando Arrojo con la selección nacional frente a Nicaragua, en Managua, el 15 de junio de 1996.
EL CUBANO Rolando Arrojo con la selección nacional frente a Nicaragua, en Managua, el 15 de junio de 1996. Associated Press

Libertad. Esta fue la palabra que llevó a desertar de la selección nacional de béisbol a uno de los mejores lanzadores cubanos de las Series Nacionales.

Rolando Arrojo nació en San Juan de los Yeras, un pequeño pueblo de Villa Clara.

Después de mostrar sus credenciales en su etapa juvenil, pasó a jugar en la Serie Nacional Cubana.

Durante su carrera en la isla que se extendió hasta 1996, entre Nacional y Selectiva vistió los uniformes de Citricultores, Villa Clara, Matanzas, Las Villas y Centrales.

El principal entrenador que ayudó al desarrollo de Arrojo como lanzador fue Pedro Pérez Delgado.

‘‘Es el mejor entrenador de pitcheo que he conocido, incluyendo los técnicos de los equipos donde jugué en Grandes Ligas’’, asegura Arrojo.

El bateador que le resultó más difícil de dominar en la pelota cubana fue Fausto Alvarez, del equipo Santiago de Cuba, y también el habanero Luis Alvarez.

Los recuerdos más hermosos que tuvo Arrojo en Series Nacionales fueron los tres campeonatos consecutivos que ganó con la novena de Villa Clara y los duelos que tuvo en la fase de playoffs contra los Industriales teniendo como rival a Orlando "El Duque’’ Hernández.

‘‘Frente al Duque gané uno y perdí otro durante la postemporada’’, recuerda Arrojo. "Cada vez que nos enfrentamos tanto en playoffs como en la campaña regular eran duelos esperados por toda la afición beisbolera cubana’’.

En 1995, Arrojo ganó la corona de pitcheo en victorias y derrotas con 11 triunfos sin reveses, y también en efectividad con 1.88 en 86 entradas.

El astro derecho resultó ser un factor decisivo en los tres campeonatos ganados por Villa Clara entre 1993 y 1995, dirigidos por el ex torpedero Pedro Jova.

Terminó su carrera en Series Nacionales con 154 triunfos, 98 derrotas (.611), 3.50 de efectividad y 1,138 ponches en 13 temporadas.

Arrojo vistió el uniforme del equipo Cuba entre 1992 y 1995. Actuó en Series Mundiales, Juegos Olímpicos, Juegos Panamericanos, Juegos Centroamericanos y del Caribe y Copas Intercontinentales.

En los Juegos Olímpicos de 1992, en Barcelona, España, Arrojo logró una victoria sin derrota sin permitir carreras limpias; en la Serie Mundial de 1994 en Managua, Nicaragua, terminó con igual balance de 1-0 y 1.80 de efectividad; en los Juegos Panamericanos de 1995, en Mar del Plata, Argentina, finalizó invicto con dos triunfos y 0.69 de efectividad; mientras que en los Juegos Centroamericanos de 1993 en Ponce, Puerto Rico, alcanzó dos victorias sin derrotas y no toleró carreras limpias.

Durante la estancia de Arrojo en el equipo nacional cubano en Olimpiadas, Mundiales, Panamericanos y Centroamericanos, sumó seis triunfos sin reveses y los antillanos no perdieron ni un solo partido en eventos internacionales con 30 victorias.

‘‘Actué en equipos Cuba con excelentes peloteros como Omar Linares, Orestes Kindelán, Antonio Pacheco, Germán Mesa, Luis Ulacia y Víctor Mesa, así como con un grupo de lanzadores de primer nivel como Jorge Luis Valdés, Lázaro Valle, Omar Ajete, Osvaldo Fernández, Orlando "El Duque'' Hernández, Pedro Luis Lazo y José Ibar, entre otros‘’, indicó Arrojo.

En 1996, nueve días antes de la inauguración de los Juegos Olímpicos de Atlanta, el equipo nacional antillano se midió a la escuadra norteamericana que tenía 24 victorias consecutivas en torneos amistosos, y Arrojo se encargó de propinarle nueve ceros y romperle el invicto. Este fue el último partido que lanzó el villareño con el equipo Cuba, al solicitar asilo en Estados Unidos.

‘‘En Cuba el pelotero tiene un límite en su desarrollo y decidí probar suerte para jugar en Grandes Ligas’’, afirmó el pitcher. "Estaba cansado que me impusieran hasta dónde llegar y hasta cuánto ganar’’.

Arrojo firmó con la nueva tranquicia de Tampa Bay en el año 1997.

Debutó el 1 de abril de 1998 y en esa misma temporada se convirtió en uno de los mejores lanzadores de la Liga Americana al terminar con 14 triunfos, 12 reveses, 152 ponches y 3.56 de efectividad en 202 entradas, actuando con el equipo de menos calidad en ambos circuitos (63-99).

Arrojo fue elegido para el Juego de Estrellas (1998) celebrado en el Coors Field de Colorado, y tiró la sexta entrada con un ponche y sin tolerar carreras a las Estrellas del viejo circuito.

El 13 de diciembre de 1999 fue cambiado a los Rockies de Colorado, en la Liga Nacional, equipo con el que no tuvo una buena actuación (5-9).

‘‘Durante mi carrera en Cuba no estaba acostumbrado a cambiar de novena y me sentía muy bien con Tampa. Ese cambio me afectó animícamente’’, señaló Arrojo.

Los Rockies lo enviaron a Boston el 27 de julio del 2000, y con los Medias Rojas ganó 14 y perdió nueve (.609) en función de relevo.

Arrojo antes de lanzar en las Mayores tiró 2,027 entradas y dos tercios en Series Nacionales en 13 temporadas completas.

‘‘Lamento profundamente haber llegado al béisbol de Grandes Ligas después de lanzar durante casi toda mi carrera en la pelota cubana’’, afirmó el serpentinero. "Y lamento también que otros centenares de peloteros estelares de ese país se hayan visto limitados en su desarrollo deportivo’’.

Arrojo exhibía una recta entre 92 y 95 millas, una curva hacia abajo frente a zurdos, un efectivo slider, otra curva mortífera a tres cuartos frente a derechos, un buen cambio de velocidad, su control era excelente y fue un pitcher inteligente que era dueño absoluto de la lomita por su aplomo y confianza en sí mismo.

Y si Arrojo no lo dijo por la modestia que le caracteriza, yo que tuve la suerte de verlo actuar desde que tiró su primera bola en Estados Unidos, puedo asegurar que reunía todos los atributos para tocar el cielo con la mano en el deporte de las bolas y los strikes en Grandes Ligas’’.

El villaclareño tiene tres hijos y actualmente radica en St Petersburg, Tampa.

Rolando Arrojo es otra gloria del béisbol amateur cubano que escapó de la isla en busca de libertad y de un mejor futuro económico y profesional.

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