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Puerta hacia el mejoramiento humano

El Sensei Armando Martínez junto con el alumno Andy Delgado realizando una Kata, como parte de la clase de Karate en el Jundokan Dojo.
El Sensei Armando Martínez junto con el alumno Andy Delgado realizando una Kata, como parte de la clase de Karate en el Jundokan Dojo.

Aunque pudo ganarlo todo en las competencias más prestigiosas, Armando Martínez no cree en los trofeos ni las medallas.

Su premio lo encuentra en cada niño que cruza la puerta de su dojo para iniciarse en los senderos del Karate-Do, un arte marcial que lleva dentro de sí una profunda filosofía de vida, además de ser una herramienta de defensa personal.

"No hay mejor galardón que ver el progreso de un muchacho'', explica Martínez, quien ha dedicado más de dos décadas a la enseñanza del Karate-Do en Miami. "Cada vez que alguien se supera o adquiere una cinta mejor o, simplemente, hace un ejercicio como debe ser, cada vez que veo a alguien que pasó por aquí convertido en un hombre de bien...no hay nada comparable a eso''.

Una primera traducción dirá que Karate-Do significa "el camino de las manos vacías hacia la autodefensa'', pero ese camino o modo tiene un sentido más amplio que usualmente se vincula a una búsqueda interior del individuo y de su relación armónica con el mundo.

En el fondo, Martínez -o Sensei Martínez, como le corresponde a un maestro de la disciplina en el idioma japonés- está convencido de que esas "manos vacías'' pueden ser el puente hacia una abundancia de bienes espirituales que refuerzan al ser humano dentro de una sociedad que tiende demasiado a la gratificación inmediata y a la sobredimensión de las posesiones materiales.

"Siempre digo que el Karate-Do no es un deporte, aunque alguien pueda verlo así'', explica el Sensei, quien es sexto dan en el estilo Goju-Ryu y segundo dan en judo. "El aprendizaje de esta arte marcial nunca termina, porque es como el horizonte. Nunca se alcanza, pero sirve como meta para seguir adelante en el camino''.

Todavía Martínez puede cerrar los ojos y recordar a su Habana natal tal y como la dejó a los nueve años de edad: una línea de ferrocarril, el nombre de un centro comercial...

Y aún guarda en su memoria esos primeros años en Miami, el chispazo de atracción que surgió al descubrir las artes marciales -por culpa de un filme de Bruce Lee- y el sentimiento de misterio y fascinación al pisar un Dojo (término para escuela).

"No puedo decir que mi relación con el Karate-Do fue amor a primera vista, pero una vez que pasó, me enamoré para siempre, hasta que la muerte nos separe'', bromea Martínez, quien nunca ha dejado de enseñar desde que abriera en 1983 el Jundokan Karate Dojo en la 950 SW y 82 Ave. "Siempre me he considerado un principiante. Mis alumnos aprenden conmigo y yo junto con ellos''.

Le cuesta trabajo admitir que nunca pensó en ser maestro, sino que fue algo que le llegó de forma natural y que le ayudó mucho en su otra carrera: psicología. Sensei Martínez ejerce como tal en el sistema de escuelas públicas del Condado Miami-Dade.

"El Karate me ha ayudado a ser mejor profesional de la psicología y a entender de forma más completa a los niños'', agrega. "Un niño con problemas es un reto, una batalla a ganar, y yo nunca me doy por vencido. Siempre hay un camino hacia la solución, sólo hay que ser paciente y perseverante para encontrarlo''.

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