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Golpe maestro

BOB ARUM (der.) con Manny Pacquiao, en mayo pasado. Ha organizado la pelea del filipino con Miguel Cotto.
BOB ARUM (der.) con Manny Pacquiao, en mayo pasado. Ha organizado la pelea del filipino con Miguel Cotto. Associated Press

El promotor de boxeo más importante del país es un abogado de Harvard al que le sobra picardía, un erudito del talmud que vive lanzando improperios.

Dicen que es generoso y entrador, despiadado e intrigante, pero todo el mundo respeta su devoción al boxeo y su trayectoria en este deporte.

"Bob Arum es una de las 10 personas más inteligentes que he conocido, y no me refiero exclusivamente al mundo del boxeo'', dijo el ejecutivo de HBO Seth Abraham, quien es amigo de Arum. "Combina la inteligencia de los libros con la inteligencia de la calle, sentido común y experiencia, lo que es algo extraordinario''.

Arum había visto muy pocas peleas cuando organizó su primera cartelera y nunca pensó que le dedicaría su vida al deporte de los puños, pero a punto de cumplir 78 años y luego de trabajar con todo el mundo, desde Muhammad Ali hasta Oscar de la Hoya, Arum está dando otro golpe maestro.

Su empresa Top Rank montó la cartelera más importante del año, la pelea del 14 de noviembre entre Manny Pacquiao y Miguel Cotto en Las Vegas.

Top Rank maneja las carreras de ambos, así como las de una decena de campeones mundiales, incluido el rey de los medianos Kelly Pavlik y el monarca liviano Edwin Valero.

Mientras figuras como Don King prácticamente desaparecieron del mapa y la Golden Boy Promotions trata de afianzarse, Arum demostró que sigue siendo el mejor.

Su yerno Todd duBoef está haciéndose cargo del imperio que creó, pero Arum continúa manejando las riendas.

"Es lo que me mantiene joven'', bromeó, hablando con la AP en un restaurante de Manhattan.

Su relación con el boxeo es fortuita. Tras graduarse como abogado en Harvard, comenzó a trabajar en una prestigiosa firma neoyorquina y luego integró el equipo del procurador Robert F. Kennedy.

En 1964, Arum fue el encargado de confiscar los ingresos de la pelea entre Sonny Liston y Floyd Patterson. Esa experiencia despertó su pasión por el boxeo. O, más específicamente, por el dinero que mueve el boxeo.

Un día conoció al astro del football americano Jim Brown, quien era muy allegado al líder de la Nación del Islam Elijah Muhammad y, por ende, a Muhammad Ali, el cual acababa de convertirse. Le presentaron a Alí y al poco tiempo, este devoto judío representaba a la figura más rutilante del boxeo.

"Cuando Brown me pidió que fuese abogado y promotor de Alí, pensé que arreglaría una pelea y después encontraría a otra persona, y yo seguiría en la abogacía'', dijo Arum. ‘‘No quería ser promotor''.

La primera pelea que hizo con Alí fue la de George Chuvalo, el 3 de marzo de 1966, en momentos en que Alí era muy criticado por su posición sobre Vietnam. Le habían prohibido pelear en casi todas las ciudades, por lo que el combate se hizo en Toronto.

Arum dice que siguió colaborando con Alí porque estaba furioso con el trato que se le había dado.

Los dos viajaron juntos 20 años por el mundo.

"Yo estaba muy cerca de los boxeadores y sabía quiénes eran buena persona y quiénes no, quiénes eran egoístas, quiénes eran personas especiales'', afirmó Arum. "Alí fue una gran persona. Me refiero a lo que lleva adentro, bien adentro. A su esencia. Era puro oro''.

Su relación con Alí lo hizo forjar la rivalidad más grande que tuvo fuera del ring.

Cuando Alí peleó por segunda vez con Joe Frazier en el Madison Square Garden, apareció Don King, quien acababa de salir de la cárcel, a la que había ido por asesinato. Don King se abrió camino rápido como promotor y arregló una pelea con George Foreman en el Zaire, por la que Alí recibiría $5 millones.

"Alí me preguntó qué debía hacer'', relata Arum. "Le dije ‘¡toma esa pelea!'. $5 millones es mucho dinero. Alí aceptó y ganó. Luego hizo a King a un lado y yo volví a promover sus peleas. Organizamos con King un tercer combate con Frazier''.

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