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De la admiración al desencanto

TIGER WOODS (izquierda) y su esposa Elin caminan durante el último día de la Copa Ryder en el año 2006. El estelar golfista ofreció disculpas públicamente por cometer graves errores que afectan su vida familiar.
TIGER WOODS (izquierda) y su esposa Elin caminan durante el último día de la Copa Ryder en el año 2006. El estelar golfista ofreció disculpas públicamente por cometer graves errores que afectan su vida familiar. Associated Press

Tiger Woods era distinto, o parecía serlo: tenía un talento único y una imagen impecable, cuidadosamente cultivada. A diferencia de tantos otros deportistas, le complacía ser considerado un ejemplo digno de imitar. Pero resultó que, como ocurre tantas veces, lo que ofrecía era demasiado bueno como para ser realidad y sus tropiezos reavivan el debate en torno a la adoración de las figuras deportivas.

"Nadie alcanza ese nivel de perfección, dentro y fuera de los campos de juego, sin alguna mancha'', comentó Dave Czesniuk, director de operaciones de Centro para Estudios del Deporte en la Sociedad de la Northeastern University.

"La verdadera historia aquí es la del choque entre las expectativas y la realidad. Es un ser humano; a veces nos olvidamos de eso'', dijo Czesniuk.

La disculpa que ofreció Woods esta semana representó, en cierta medida, la caída en desgracia de otra superestrella.

Michael Phelps fue fotografiado fumando una pipa de marihuana. A Marion Jones le quitaron sus medallas olímpicas por un dopaje que ella negó. Numerosos astros del béisbol estadounidense usaron esteroides y el argentino Diego Maradona fue suspendido por doparse en su época de jugador.

Pero Woods constituye un caso especial. Era una persona famosa en todo el mundo, con una imagen intachable y una carrera difícil de repetir.

"Llega un momento en que el público es indiferente. Dan por sentado que los Barry Bonds, los Sammy Sosa y las Marion Jones van a caer de su pedestal'', expresó el psicólogo Stanley Teitelbaum, autor de "Héroes del deporte, ídolos caídos''.

"Pero nadie esperaba esto de Woods'', acotó.

"Ahora que le sucedió a él, la gente no se muestra indiferente. El desencanto es mucho más grande''.

Steve Elling, reportero de CBSSports.com, escribió la semana pasada que los aficionados y los periodistas, él incluido, habían sido medio inocentes al colocar a Woods en un pedestal tan alto.

"Sabíamos que hay que tomarse la admiración por una figura pública con un granito de sal. Con Woods, nos tragamos el salero entero'', manifestó Elling.

Woods, un golfista sin rivales, había logrado ser visto como algo más que un golfista: era un hijo que veneraba a sus padres, un hombre con conciencia cívica que creó una fundación para niños de bajos recursos, un padre devoto que había dicho que jugaría menos al golf para pasar más tiempo con sus dos hijos pequeños.

En realidad nunca fue una persona abocada a defender causas sociales y de vez en cuando se le escapa algún gesto grosero o de intemperancia. Pero siempre ha dicho que acepta la responsabilidad de ser un ejemplo.

"Considero un honor ser visto como un ejemplo'', declaró en un reportaje del semanario Business Week en 1997.

"Era una figura ejemplar'', señaló. "Era el ídolo deportivo por excelencia''.

"Cuando uno tiene ese nivel, la gente lo adora'', dijo Teitelbaum. "Pero esto conlleva a ser muy transparente''.

El desencanto con Woods es palpable. Según Zeta Buzz, que analiza los blogs y los comentarios en internet, las referencias a Woods en la web eran en un 91% positivas antes de que saliesen a la luz sus infidelidades, donde la cifra cayó al 57%.

El propietario de un portal para jóvenes llamado Role Models dijo que había recibido centenares de mensajes con críticas por hacer comentarios positivos sobre Woods.

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