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El hombre que evolucionó el salto de altura

ALLSPORT

Cuarenta y dos años después de revolucionar la prueba del salto alto en los Juegos Olímpicos de México, su sistema se mantiene como uno de los mayores impactos ocurridos en el deporte.

En 1968 sucedieron muchas acontecimientos que cambiaron el rumbo de la historia. Del mayo de París a la primavera de Praga, el mundo realizó un giro sobre sí mismo sin posibilidad de retorno.

En el deporte, las olimpiadas de 1968 fueron el comienzo de la internacionalización del sueño de Pierre de Coubertain con momentos inolvidables como el "Poder Negro'', el vuelo de Bob Beamon en el salto de longitud, el cuarto título olímpico en lanzamiento del disco para el estadounidense Al Oester, la primera de las tres medallas de oro en triple salto del soviético Viktor Saneyev, la segunda presea dorada de la sensacional atleta norteamericana Wyomia Tyus en 100 metros planos y las decenas de marcas olímpicas y mundiales que se establecieron en diferentes deportes. Pero la mayor transformación en el atletismo llegó de un muchacho nacido en Oregón.

Dick Fosbury escribió una página de gloria en los Juegos Olímpicos de México.

Un joven estadounidense alto y delgado comenzó a llamar la atención entre los aficionados por su ritual de concentración. Parado sobre su marca visualizaba durante un período anormalmente largo sus próximos pasos, mientras los aficionados mexicanos le apremiaban con gritos que decían: "Andale gringo''.

Pero el espectáculo llegaba después cuando en su carrera giró su cuerpo frente a la barra y saltó de espaldas. Lo nunca visto hasta ese momento se lo regaló Fosbury al público presente.

El novedoso estilo cautivó a los espectadores que veían en color por primera vez los Juegos Olímpicos a través de la televisión y su formidable salto le dio la vuelta al planeta.

Fosbury logró la medalla de oro con un salto de 2.24 metros que se convirtió en un nuevo récord olímpico con una estrategia que invitaba a soñar, y que terminó en convertirse en un debate internacional. Los jueces suspendieron su salto en un primer momento, pero terminaron aceptando que cumplía con la legalidad.

La mayoría de los entrenadores en diferentes rincones del mundo comenzaron a enseñar aquel sistema ante el temor de posibles lesiones del cuello para sus atletas.

Gracias a las colchonetas para evitar las malas caídas y el desarrollo tecnológico, se había terminado la manera tradicional de saltar.

El Madison Square Garden se llenó cuando Fosbury acudió a una reunión atlética y los saltadores abandonaron paulatinamente los saltos clásicos para perfeccionar aquel "Fosbury Flop'' hasta las formas actuales.

En los Juegos de 1980, 13 de los 16 finalistas ya empleaban dicha técnica, y más de cuatro décadas después de aquella innovación atlética, todavía se recuerda la fecha que evolucionó el salto de altura.

Ese día se encuentra escrito con letras doradas en la historia de los Juegos Olímpicos.

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