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El Heat tiene rumbo fijo

Cuando Miami conquistó la temporada pasada el segundo título de su historia, Pat Riley se cuidó de garantizar otra corona en medio de la celebración del Heat, pero sabía que con LeBron James y compañía esa posibilidad tenía mucho para convertirse en certeza y, sobre todo, en una dinastía. El arquitecto del Showtime en la era gloriosa de los Lakers jamás olvidará aquella ocasión en que prometió otro campeonato días después de haber ganado uno en la ciudad de Los Angeles.

Ahora fue más sutil.

“Sólo quiero continuar con esto”, dijo Riley. “Estoy en una edad en la cual puedo irme a cualquier parte, pero no voy a hacerlo. El Señor me ha bendecido con un equipo al que puedo aferrarme por tanto tiempo como podamos estar juntos’’.

Seguro, no se trata de una garantía, pero es algo parecido.

Y no puede ser de otra forma cuando se tiene al que el legendario Magic Johnson considera el mejor basquetbolista del mundo: James, quien acaba de ganar su segundo título consecutivo al igual que premios de Jugador Más Valioso en Finales seguidas. Muchos expertos consideran que todavía no se ha visto la versión más completa y potente del dueño de cuatro premios de Más Valioso.

“James se ha vuelto más completo de año en año”, dijo en Miami Johnson, quien comentó la Final para la cadena ABC. “Como él mismo dice, no tiene que escuchar a sus críticos. Está seguro de sí mismo y se dedica por completo a mejorar su juego. Es de esperar que siga creciendo en todos los aspectos’’.

Liberado de sus demonios interiores y con dos anillos seguidos en su cuenta, Miami espera que James, junto a Dwyane Wade y Chris Bosh –aunque estos dos muestran algunos signos de no ser los mismos-, sigan siendo el fundamento de la organización, todavía en capacidad de imponer respeto en el resto de la liga y acercar a Miami al templo de franquicias tan laureadas como los Lakers o los Celtics.

A diferencia de aquella edición de campeones del 2006, que fracasó estrepitosamente en su intento de repetir corona, los reyes vigentes nunca se apartaron de la meta de volver a lo más alto del podio en medio de una campaña para el recuerdo en la cual se impusieron marcas de más triunfos con 66 para toda una contienda, al igual que la seguidilla de 27 éxitos.

“Siempre supimos lo difícil que sería repetir, pero nunca perdimos el rumbo”, afirmó Wade. “Ganamos en el 2006 y mira qué tiempo nos tomó regresar a la final, y todavía más ganarla. Después de esto, esperamos volver del descanso con la energía recargada y listos para seguir la batalla por la historia”.

Más allá del núcleo de los Tres Grandes, es de esperar que Riley vuelva a mover piezas como lo hizo al traer a Ray Allen y Chris Andersen, y que algunos miembros no vistan el uniforme para el inicio de la próxima campaña, pero nadie mejor que el presidente a la hora de rodear a sus estelares con un reparto digno y útil.

No será fácil, porque las nuevas regulaciones monetarias de la liga harán más complicada la firma de agentes libres, pero expertos consideran que a muchos de esos jugadores –como sucedió en su momento con Allen y Rashard Lewis- les atraería la idea de alinear al lado de figuras como James y Wade a cambio de un último asalto al cielo de la NBA y la posibilidad de un anillo y, por qué no, de un desfile triunfal como el que estremecerá a Miami el lunes.

Por supuesto, los rivales no se irán a ningún lado. En la Conferencia del Este habrá que pasar por encima de los Bulls, siempre y cuando tengan a un Derrick Rose saludable, y de los formidables Pacers; y en el Oeste el Thunder permanecerá como un oponente temible, cortesía de Kevin Durant y Russell Westbrook, mientras emergen otros como los Warriors de Stephen Curry y los Grizzlies de Marc Gasol.

Sin embargo, ya habrá tiempo para preocupaciones y defensas de coronas. Ahora es momento de celebrar.

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