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El Heat de Miami enfrenta una misión casi imposible en San Antonio

La historia fue quizá la más atractiva de la final pasada. El Heat había perdido por paliza el Tercer Juego de la Final del 2013 en San Antonio, los jugadores estaban abatidos y Erik Spoelstra trataba de encontrar respuestas antes de que la serie se les fuera de las manos.

Todavía resuena la narración del coach de Miami sobre la aparición de su mentor y presidente, Pat Riley, con tres botellas de vino y una pregunta: ¿en qué puedo ayudar?, que luego calificaría, en medio de la celebración del título, como “uno de los momentos más especiales de mi carrera profesional’’.

Bueno, quizá haga falta una bodega entera para abrir el cerrojo que los Spurs han puesto sobre las esperanzas de Miami de construir una de las dinastías más respetadas de todos los tiempos en la NBA.

Ningún equipo se ha recuperado de un déficit de 3-1 y luego de ver las dos tremendas palizas de los últimos dos partidos es difícil imaginar que los campeones defensores puedan destrozar esa tendencia.

“Tenemos que encontrar la forma y contamos con 48 horas para hacerlo’’, expresó Spoelstra. “Debo hacer un mejor trabajo para mi equipo. Hacer los ajustes, olvidar la frustración, pero no cabe duda de que San Antonio está jugando muy bien’’.

Bien no es la palabra que mejor describe lo sucedido en los Juegos Tercero y Cuarto, en los cuales los Spurs desplegaron un nivel de básquetbol lo más cercano a la perfección a ambos lados del tabloncillo.

Baste decir que el constante movimiento del balón, de pases precisos y certeros ha sido comparado con el famoso tiqui-taca de aquel Barcelona de los años de Pep Guardiola, que asombró a todos y lo ganó todo.

En su cuenta de Twitter, el legendario Magic Johnson, uno de los que mejor dominó el balón, escribió “América, espero que aprecies el juego de pases en su máxima expresión. Gran selección de tiro, trabajo de equipo y dirección’’.

La famosa defensa del Heat, por otra parte, ha dejado mucho que desear, al punto que San Antonio dispara para un 54.2 por ciento de efectividad en los primeros cuatro partidos de la serie, algo que no se veía en una Final desde 1955.

Mario Chalmers y Norris Cole no pueden sencillamente con Tony Parker, Tim Duncan sigue montado en la máquina del tiempo, Manu Ginóbili no ha perdido su chispa y Kawhi Leonard se ha reafirmado como la nueva estrella y Greg Popovichbueno, no hay otro coach como él en la liga.

Los jugadores del Miami, sin embargo, viajan a Texas con la convicción de que todo no está perdido, bajo esa manida frase que tanto se utiliza en el béisbol: ganar un juego a la vez, y luego preocuparse por el siguiente.

“Estamos en una situación donde podemos hacer historia’’, afirmó LeBron James. “Debemos preocuparnos solo por el domingo, por el Quinto Juego. Iremos a un ambiente hostil y robarnos un partido como el Segundo. Claro que sé los números, claro que estar 3-1 en contra es duro. Pero todavía nos queda el domingo’’.

¿Qué tal si el sábado Riley se aparece en la puerta de Spoelstra con otras botellas de vino y la misma pregunta? Sería oportuno.

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