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Gamboa en la encrucijada de su carrera

June 28, 2014, Omaha,Nebraska ---- WBO Lightweight champion Terence Crawford (L) of Omaha knocks down  Olympic gold medalist Yuriorkis Gamboa in the 5th round enroute to a finla knockout in the 9th , Saturday at the Centurylink Center in Omaha.  --- Photo Credit : Chris Farina - Top Rank (no other credit allowed) copyright 2014
June 28, 2014, Omaha,Nebraska ---- WBO Lightweight champion Terence Crawford (L) of Omaha knocks down Olympic gold medalist Yuriorkis Gamboa in the 5th round enroute to a finla knockout in the 9th , Saturday at the Centurylink Center in Omaha. --- Photo Credit : Chris Farina - Top Rank (no other credit allowed) copyright 2014

Yuriorkis Gamboa se metió en la boca del lobo y salió literalmente devorado cuando Terence Crawford lo llevó cuatro veces a la lona y le ganó por nocaut en el noveno asalto delante de 10,943 aficionados que convirtieron, por una noche, a Omaha en una capital del boxeo.

O Crawford o Mickey García, así sin términos medios era de grande el deseo del cubano de medirse a un campeón del mundo para probar que el verdadero rey de las 135 libras era él y nadie más que él, pero la corona de la Organización Mundial se quedó en la cabeza del muchacho de Nebraska.

Gamboa volvió a recordarnos el sábado en la noche, a ratos, por qué en cierto momento era un niño mimado de HBO y Top Rank, y por qué sigue siendo el boxeador cubano más agradable a la vista. Cada pelea suya contiene dosis elevadas de drama, acción, ese elemento de lo inesperado que va de lo sublime a lo ridículo.

A Gamboa se le agradece el ímpetu, la valentía, el ir siempre adelante sin temor a encontrar los golpes de su oponente, pero en esa forma de ser suya sobre el cuadrilátero también van incluidas la penitencia y el castigo, y se advertía –por lo visto en choques previos- que la caída en grande podría llegar en algún momento.

Al final de la jornada, y aunque le cueste trabajo reconocerlo y todos a su alrededor nos recuerden su ética de entrenamiento, que sí la tiene, a Gamboa le pasan la cuenta la ausencia de ring, el prolongado vacío de peleas con sentido y significado, y la lejanía de los escenarios fundamentales, esos donde el público casi te grita en los oídos, a favor o en contra.

Mil sparrings de prácticas no suman lo que gasta en adrenalina y resistencia una pelea en tiempo real, contra un oponente como Crawford que no quiso ser humillado delante de sus amigos de infancia, de la gente que le vio crecer y padecer en lo bueno y lo malo. Eso cuenta y mucho, porque por encima de todo, estamos hablando de un campeón con todas las de la ley.

Gamboa posee tanto talento que gana los primeros tres asaltos de manera clara y justo cuando más mal le iba en el noveno asalto, con el abismo a sus pies, con las piernas en pleno derrumbe, es capaz de poner en mal estado a Crawford, aunque el momento crítico de la derrota se produjo de manera inevitable segundos más tarde.

Para Gamboa volver al ring después de tantas incertidumbres y dificultades es ya de por sí un éxito. Corría el riesgo de desaparecer en plenitud de fuerzas y habilidades. Hoy el mundo del boxeo cuenta con material para hablar gracias a este combate que puede ser candidato a los mejores del 2014.

Sin embargo, Gamboa debe aprovechar estos días para reflexionar y darse cuenta que necesita una voz distinta en la esquina, que precisa de una mirada crítica y de mayor orientación que le guíe en la presencia de la oscuridad, que le cercene los elogios vanos y le exija todavía más. ¿Cómo nadie puede percatarse de la pésima defensa del guantanamero? ¿Cómo no pueden decirle que cada combinación suya deja al descubierto su cuerpo al impacto enemigo?

No creo que hayamos visto lo últimos de Gamboa, absolutamente. No hay formas de edulcorar la derrota, la paliza, los cuatro golpes tremendos, pero estoy seguro de que HBO lo seguirá llamando, porque vende, se entrega, crea espectáculo y eso el público lo agradece más allá si gano o perdió, aunque eso, ahora mismo, no le sirva de consuelo.

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