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Marlins de Miami, cuando lo poco no alcanza

Luego de una cruenta porción de calendario que les vio jugar 17 juegos de manera consecutiva, caer de los .500 de manera estrepitosa y chocar contra esa pared que lleva por nombre Atléticos de Oakland, el día de descanso no pudo venir en mejor momento para los Marlins que intentan aligerar sus mentes y aliviar sus heridas.

Justo antes de que los peces salgan al terreno este martes para verse las caras contra los Filis, ya se puede valorar lo que ha significado esta primera mitad de temporada que se aleja sin la debacle predicha por todos ni con la esperanza esperada por algunos, aunque no queda complacido nadie.

Probablemente los Marlins no cedan 100 derrotas como sucedió en el 2013, pero tampoco logren ese salto de calidad que les permita catapultarse a los playoffs y que por momento pareció asomarse en los primeros dos meses de esta contienda, cuando Giancarlo Stanton sacudía jonrones descomunales –todavía lo hace- y José Fernández generaba un ambiente de fiesta en el casi siempre moribundo parque de La Pequeña Habana.

Las razones para esperar una mejora eran legítimas y así como Stanton va rumbo a pegar más de 40 jonrones y posiblemente 120 impulsadas, los peces estarían en condiciones de evitar una humillación como la del año pasado, solo que la gente está cansada de esos mínimos pasitos adelante, de ese pelear con poco y no aspirar a nada grande.

Junio ha estado plagado de lesiones, cierto. Fuera estuvieron Christian Yelich, Jarrod Saltalamacchia, Rafael Furcal parece haberse marchado por siempre y Adeinys Hechavarría también ha perdido porciones de juego. Las señales, sin embargo, de que la segunda mitad no será tan placentera están escritas en los muros del estadio.

Sin Fernández, sacado de la ecuación por una cirugía de ligamentos, la rotación se ha hundido y de ser una de las mejores ahora es la número 26 –entre 30 clubes- en promedio de bateo permitido con .266, mientras que el WHIP, la cantidad de hombres que se embasan por entrada, ha subido a 1.35 para ser el 24 en la gran carpa.

El problema se agudiza por el desplome de un bate que llegó a estar entre los 10 mejores en casi todos los departamentos durante abril y mayo, pero que en junio es de .230, mientras que el promedio de ponches por cada nueve episodios es el cuarto peor de todo el béisbol.

Si los abridores pasan apuros para sumar siete innings, si el bullpen se ve agobiado de trabajo, si los bateadores conectan menos imparables y se ponchan más…pues bien, ahí está la explicación de estar hoy en día a cinco juegos del primer lugar en la División, lo cual es un milagro que solo se entiende por la mediocridad de Nacionales y Bravos; y la falta de relevancia de Mets y Filis.

Mike Redmond es una gran persona, pero a veces toma decisiones que deja a todos rascándose la cabeza, sobre todo a la hora de hacer dobles cambios, o sustituir a lanzadores para enfrentar derechos y zurdos, le falta malicia, rodaje. Algo bueno para decir a su favor: es el mánager que más veces ha acertado a la hora de pedir revisión de una jugada, que no es poca cosa y sus jugadores le adoran.

Entre los recién llegados, hasta ahora Saltalamacchia no parece una gran mejora por encima de John Buck detrás del plato, aunque dentro del clubhouse sí ejerce una influencia benefactora y los lanzadores confían mucho en su capacidad para conducirlos, pero la firma de Casey McGehee –el mejor bateador de las Mayores con hombres en posición anotadora- ha hecho lucir a los ejecutivos del club como genios.

¿Qué esperar para la segunda mitad? Me temo que va a ser un camino lleno de piedras, donde las grietas que ahora se advierten amenazarían con convertirse en brechas que recalcarían la imposibilidad de jugar en octubre por otro año más. Los Marlins son lo que son y siempre es aconsejable un baño de realidad antes de montarse en el carro de la esperanza.

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