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Brasil sufre de presión alta

En Brasil existe una enorme preocupación por la fragilidad emocional que transmiten sus seleccionados, quienes lloran cada vez que son puestos al límite y más aún ahora que 200 millones de hinchas les piden, en su condición de anfitriones del Mundial, nada menos que la sexta Copa.

El diario deportivo brasileño Extra publicó en primera página, a cinco columnas y en doble línea: “Lloradera de los jugadores de la Seleçao ya preocupa”.

Después de la agónica definición por penales contra Chile, en la que Brasil consiguió salir airoso a duras penas 3-2 y gracias a la gran actuación de su arquero Julio César – atajó dos penales – se produjeron escenas desgarradoras con los auriverdes llorando dentro de la cancha y los entrenadores, entre ellos Felipao, levantándolos y consolándolos.

En anteriores momentos dramáticos del Mundial, también los jugadores brasileños se echaron a llorar, lo que llevó al campeón mundial de 1970 Jairzinho a levantar la voz de alerta.

“Llorar una vez pasa, pero eso no puede ser a toda hora”, expresó el legendario atacante. “Disputar una Copa en casa se vuelve una responsabilidad mayor. El hecho de que Brasil no esté jugando bien y no repita lo que hizo en la Copa Confederaciones es un peso más para los jugadores”.

Para Brasil el hecho de ser anfitrión en sinónimo de ganar, lo reclama el país entero y esas emociones desbordadas de los jugadores revela que no han sido preparados adecuadamente para sobrellevar un desafío tan grande.

Al parecer, Brasil no ha aprendido las lecciones del pasado. En 1950 cuando fue anfitrión de la IV Copa del Mundo ya se daba por hecho que iba a ser campeón. Las primeras páginas de periódicos y revistas ya estaban listas con titulares que celebraban la victoria de los auriverdes, varios jugadores iban a ser postulados para congresistas.

El ya fallecido Roque Gastón Máspoli, arquero de Uruguay en esa gesta que ganaron 2-1, recordó en una entrevista muchos años atrás la enorme presión que recaía sobre los jugadores de la Seleçao.

“Cuando estábamos formados en la cancha, antes del inicio del partido, escuchábamos al gobernador de Río de Janeiro que decía, mientras les estrechaba la mano uno a uno: ‘Saludo a los futuros campeones mundiales’”, comentó Máspoli. “Cuando les empatamos los jugadores no se lo esperaban y sobre el final marcamos el gol de triunfo”.

Joao Ricardo Cozac, vicepresidente de la Sociedade Brasileira da Pisicologia do Esporte, reveló en una entrevista con Extra que no ve con mucho optimismo la fuerza mental de los jugadores brasileños.

“Veo emociones exacerbadas, que pueden ser peligrosas en las fases siguientes de la Copa”, dijo Cozac. “Si contra Chile fue como se vio, imagínense en una final, en donde vencer es de hecho una obligación”.

El capitán de Brasil campeón en México 1970, Carlos Alberto, tampoco minimizó el problema.

“Se echa la culpa de eso a los aficionados, al entusiasmo. Pero el equipo debe estar preparado para esta presión”, opinó. “Está clasificado, no hay lugar para estos lloros de niños porque así no van a ganar nada”.

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