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Erislandy Lara es víctima de un robo grosero en Las Vegas

Con la voz quebrada y el ánimo golpeado, Erislandy Lara se hace una pregunta para la cual no tiene respuesta. “¿Qué tiene qué hacer un cubano para ganar en Las Vegas?’’, un cubano sin hogar y sin público, enfrente de la estrella más grande –con perdón de Juan Manuel Márquez- que posee el boxeo mexicano.

Lara se hace esa interrogante y se le repite a todo el que quiera escucharlo, porque todavía no puede creer que dos jueces hayan votado por Saúl “El Canelo’’ Alvarez, cuando él ofreció una cátedra de boxeo que fue reconocida por la mayoría de los expertos, los comentaristas de televisión y muchísimos aficionados que vieron la pelea sin los atavismos de un patriotismo barato.

Cuando se anunció que Jerry Roth había votado 115-113 por Lara ya lo peor se veía venir, porque no había forma de que Alvarez no le otorgaran las otras dos boletas, la de Dave Moretti 115-113, y la incomprensible de Levi Martínez por 117-111. Al final, la cara de alivio de Oscar de la Hoya era más que evidente.

No, Canelo no podía perder, porque su caída habría significado el fracaso de Golden Boy. Canelo no podía perder, porque su derrota habría sido la gota de sal más agria en la herida abierta por la partida de Richard Schaefer, el verdadero cerebro gris de la operación. Canelo no podía perder delante de su público, flanqueado por el Chicharito Hernández y Memo Ochoa. Simple y llanamente, no podía perder.

De La Hoya se jugaba el todo por el todo en este combate que él nunca quiso, pero que Schaefer le dejó como regalo durante los días en que el se ausentaba de la empresa para combatir sus propios demonios en clínicas de rehabilitación. Canelo es la tabla de salvación de Golden Boy y todos en la empresa cruzaban los dedos y quién sabe que otras cosas más.

“Es que yo le gané, ¿cómo no pueden entenderlo los jueces?’’, vuelve a preguntarse. “Estuve en control de la pelea, marque el ritmo y el tiempo. Canelo solo saber venir adelante con esa cara de malo, pero no sabe boxear. Nunca le enseñaron a boxear, solo a tirar golpes y eso es otra cosa’’.

Sí, puede ser otra cosa. El boxeo, sin embargo, ha dejado de ser hace mucho tiempo esa “ciencia dulce’’ de dar y evitar que te den, y los aficionados de hoy han dejado de admirar los movimientos de piernas, la exacta contorsión que deja el puño del oponente cortando el aire para pedir la gratificación inmediata del nocaut y la riña callejera disfrazada de pugilismo.

Lara combatió como un virtuoso, frustró a su oponente, le hacía fallar en el aire y le conectaba limpio y certero, sacando una página del libro de Floyd Maywheater Jr. Habría que recordar, incluso, que hasta el mismo Maywheater Jr., el mejor guerrero libra por libra del mundo recibió una decisión mayoritaria, cuando debió ser unánime, en su encuentro contra el Canelo.

Si eso le sucedió a la estrella más grande del ring a nivel mundial, un hombre que casi es amo de Las Vegas, cómo no esperar este resultado negativo para Lara, quien solo es reverenciado en los límites de Miami y algunos otros bolsones de aficionados desperdigados por el resto de la unión americana.

“Uno siempre espera un mínimo de honradez, uno guarda siempre una esperanza’’, dice Lara, a quien le costará aún reponerse de este robo a plena luz de los reflectores del MGM Grand y le tomará tiempo restaurar en parte su confianza en un deporte donde la mentira y los veredictos de escándalo son parte inseparable de su ADN. Para ser boxeador hay que tener un corazón especial y estar listo a que te lo destrocen de vez en cuando, por poderes que no están sujetos a ninguna regla. Es el Oeste Salvaje y el sheriff no aparece por ninguna parte.

De La Hoya jamás permitirá una revancha. Canelo, a quien siempre he defendido y le reconozco sus talentos, irá a otras cosas importantes como un potencial encuentro en noviembre contra Miguel Cotto y Lara seguirá el camino que le dicte su poderoso consejero Al Haymon, que no es poca cosa, además de su habilidad para recordarnos todo lo grande y bueno que tuvo el boxeo en otros tiempos.

En medio de todo, que no se olvide la pregunta inicial de Lara acerca de lo que tiene que hacer un cubano para ganar en Las Vegas, en Pago Por Ver y bajo un ambiente hostil. Este no fue el robo más escandaloso, pero no cabe duda de que sí resulta el que más duele.

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