Béisbol

La obra histórica de Jackie Robinson

EL JUGADOR Jackie Robinson intenta robarse el plato y se desliza mientras que el receptor de los Bravos de Boston Bill Salkeld recibe el lanzamiento y 
se dispone a tocarlo. El partido terminó en victoria para los Dodgers de Brooklyn y se celebró en el Ebbet Field de Nueva York, el 22 de agosto de 1948. 
En el mismo terreno, posa en 1950 junto a Larry Doby, Don Newcombe, Luke Easter y Roy Campanella.
EL JUGADOR Jackie Robinson intenta robarse el plato y se desliza mientras que el receptor de los Bravos de Boston Bill Salkeld recibe el lanzamiento y se dispone a tocarlo. El partido terminó en victoria para los Dodgers de Brooklyn y se celebró en el Ebbet Field de Nueva York, el 22 de agosto de 1948. En el mismo terreno, posa en 1950 junto a Larry Doby, Don Newcombe, Luke Easter y Roy Campanella.

Los millones de dólares que ganan en estos momentos los peloteros de la raza de color, se lo deben a una figura que elevó a la expresión más alta, el valor y la vergüenza de un ser humano. Se llamó Jackie Robinson.

Su obra fue maravillosa y transformó el béisbol de las Grandes Ligas


Nació el 31 de enero de 1919, en Cairo, Ga.

Antes de su aparición con el uniforme de los Dodgers de Brooklyn, el deporte de las bolas y los strikes padecía de una penosa enfermedad: la discriminación racial.

Por el maldito pecado de la época, miles de peloteros se vieron obligados durante décadas a desarrollar sus aptitudes en las llamadas Ligas Negras de Estados Unidos y en la pelota profesional del Caribe.

Muchas de aquellas luminarias que tenían un talento similar al de los estelares de Grandes Ligas, fueron ignorados por el delito de tener la tez oscura.

Podemos mencionar algunos nombres sobresalientes como Joshua Gibson, Oscar Charleston, Cool Papa Bell, Satchel Paige, Willie Foster, John Henry Lloyd y los cubanos Martín Dihigo, José de la Caridad Méndez, Cristóbal Torriente y Silvio García.

Ellos nunca fueron reconocidos, tampoco ganaron buenos salarios, y en muy raras ocasiones sus nombres aparecieron en los titulares de las páginas deportivas de los diarios en Estados Unidos.

Pero la injusticia tembló en 1947. Brand Rickey, propietario de los Dodgers de Brooklyn, le dio entrada al terreno de juego a un pelotero de la raza de color. Ese jugador fue Robinson.

Realizó su aparición con la franela azul en la Liga Nacional y ganó el premio de Novato del Año.

Sufrió insultos y humillaciones. Aún realizando las mejores jugadas, pegando imparables, robando bases, tocando bolas y entregando el alma, el corazon y la vida en los diamantes, muchos fanáticos le gritaban insultos.

Su derroche de coraje convirtió los insultos en muestras de cariño y respeto.

Primero tuvieron que aceptarlo, luego reconocerlo, y más tarde, aplaudirlo y admirarlo.

Su obra maravillosa evolucionó al béisbol de Grandes Ligas al abrirle las puertas a peloteros de su raza como Orestes Miñoso, Frank Robinson, Luis Tiant, Felipe Alou, Bob Gibson y el pinareño Tony Oliva.

¿Sería Hank Aaron el más prolífico jonronero sin la obra histórica de Robinson? ¿Fueran Willie Mays y Barry Bonds los peloteros más completos? ¿Rickie Henderson el más grande robador de bases? ¿Estarían en Cooperstown jugadores hispanos como Roberto Clemente, Orlando Cepeda, Rod Carew, Juan Marichal, Tany Pérez, Martín Dihigo, Cristóbal Torriente y José de la Caridad Méndez?

Robinson fue una de las grandes figuras del deporte en el siglo XX.

Murió el 24 de octubre de 1972 en Stanford, Connecticut. Tenía 53 años.

Fue elegido al Salón de la Fama en 1962.

A partir de su aparición en el béisbol de Grandes Ligas en 1947, se inicia la verdadera época de oro en este deporte.

Jackie Robinson pertenece al tesoro nacional de Estados Unidos.



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