Béisbol

Resurrección de Delgado, ayuda clave para los Mets

CARLOS DELGADO, 
de los Mets, conecta 
uno de sus jonrones 
contra Washington. El 
boricua ajustó su 
bateo y ha pasado de 
ser abucheado a ser 
aclamado como el 
MVP.
CARLOS DELGADO, de los Mets, conecta uno de sus jonrones contra Washington. El boricua ajustó su bateo y ha pasado de ser abucheado a ser aclamado como el MVP. Associated Press

Hace unos cuantos meses, Carlos Delgado parecía hombre muerto.

Cada vez que llegaba a la caja de bateo, el resultado era un ponchete, un elevado o una rola inofensiva e inoportuna que derivaba en doble matanza. El boricua bateaba en la parte intermedia del orden de los Mets de Nueva York, y su mal desempeño estaba frustrando una tras otra oportunidad de que su equipo anotara carreras.

Los críticos en la radio, la televisión y la prensa la emprendían contra el puertorriqueño y los fanáticos de los Mets clamaban a gritos su salida, " ¡Echen a Delgado!'', que resonaba cada noche en el Shea Stadium.

Ahora, los Mets no quieren imaginarse siquiera qué habría ocurrido si hubieran obedecido ese clamor del público. Delgado está en una racha increíble al plato y su poderío tiene a los Mets en el primer lugar de la división. Así, el equipo tiene mucha confianza en que podrá evitar un derrumbe semejante al que ocurrió el año pasado.

Y el coro de los aficionados ha cambiado. Ahora piden que a Delgado se le corone como el Jugador Más Valioso de la temporada.

"Me siento muy bien, no voy a mentirles. Pero en aquel entonces preferí no involucrarme con las críticas'', dijo Delgado esta semana. "Tenemos trabajo por hacer, pero esto es mucho más lindo que los abucheos, es todo lo que puedo decir''.

Con 24 jonrones y 69 remolcadas en sus últimos 67 encuentros, la resurrección de Delgado podría resumirse con un juego de palabras: "Met-amorfosis''.

Luego de pasar por la peor campaña de su prolífica carrera en el 2007, temporada que concluyó cuando Delgado se fracturó la mano izquierda en el último partido del calendario, el toletero tuvo un pésimo comienzo en el 2008.

Cayó incluso al séptimo lugar en el orden al bate, con un promedio de .228 el 30 de junio, y parecía que nunca volvería a ser ni la sombra del temible artillero que lideraba la ofensiva de Toronto.

A sus 36 años, todo parecía indicar que la mejor época de Delgado había quedado atrás. Le hacía el swing muy tarde a las rectas, y al tratar de corregir eso, terminaba por tirarle a las bolas malas.

Cuando hacía contacto con la bola, esta llegaba apenas a la franja de advertencia. Al parecer, había perdido velocidad al blandir el bate.

"Quisiera olvidar los primeros dos meses de la temporada'', dijo.

Pero cuando casi todos habían descartado cualquier repunte, Delgado reaccionó y se convirtió en uno de los bateadores más temibles de las Grandes Ligas.

"Trabajé en los fundamentos'', reveló. "Durante mucho tiempo traté de bajarle al ritmo y pude encontrar esa zona feliz donde veía bien la pelota y estaba listo para batearla aún antes del lanzamiento. No quiero que parezca que esto fue muy fácil, pero sí lo fue. Simplemente bajar el ritmo del movimiento''.

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