Béisbol

El pitcheo se ocultó en Los Angeles

Associated Press

Dicen que no nay nada más perfecto que los números, que en su interior, está revelada, si se sabe buscar, la verdad. En resumen, que las estadísticas no mienten.

Pero Joe Torre, mánager de los Dodgers de Los Angeles, bien pudiera estar convirtiéndose en un ateo de este dogma de los números.

El equipo con el mejor pitcheo de la Liga Nacional se está encontrando con una verdad que puede ser aterradora en la postemporada: que después de todo no cuentan con suficientes brazos ni en cantidad ni en calidad.

Aunque suene paradójico, los Dodgers, que terminaron con 3.68 de efectividad en la campaña regular --la cifra más baja entre los ocho equipos que accedieron a la postemporada-- no tienen el pitcheo para detener a los Filis de Filadelfia, que se encuentran arriba 3-1 en la Serie de Campeonato.

Para esta noche los monarcas del Este utilizarán a su as monticular, Cole Hamels, quien buscará ponerle los últimos clavos al atáud de los Dodgers.

¿Cómo empezó todo esto? ¿Cómo es que los números de Los Angeles no se trasladaron a la serie ante los Filis?

La novena californiana si bien fue líder en porcentaje de rayitas limpias permitidas en su liga, llegó a esta postemporada con sólo tres abridores: Derek Lowe, Chad Billingsley -quien abrirá esta noche- y Hiroki Kuroda.

¿Dónde está el cuarto abridor del equipo?

Bueno, Greg Maddux no es el mismo cirujano de antes. Ni hablar del ex Marlin Brad Penny, a quien se vio la semana pasada en una discoteca en Las Vegas.

Tampoco se puede mencionar a Jason Schmidt, lesionado igual que Penny.

Ante este desbalance Torre debió usar a Lowe con tres días de descanso el pasado lunes y se vio obligado a relevarlo temprano entregándole el juego al bullpen --también el mejor de la liga-- que implosionó ante los maderos de Filadelfia.

Si bien hay casos en los que con dos pitchers "caballos'' se puede ganar toda una postemporada, verbigracia los Diamondbacks de Arizona del 2001, ni Lowe ni Billingsley pueden compararse a lo que eran Randy Johnson y Curt Schilling.

Ni siquiera Manny Ramírez con sus seis remolcadas, su porcentaje de embasamiento de .667 y su capacidad de conectar en el momento justo, han podido evitar que los favoritos Dodgers se encuentren a punto de ver la Serie Mundial desde la pantalla de un televisor y no desde la cercanía de un dugout.

Y todo esto para una vez más caer en el lugar común más trillado, pero más genuino de la pelota, que es el pitcheo el que al final decide quién festeja y quién sale con la cabeza gacha en los juegos de pelota.



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