Béisbol

Aníbal Sánchez emprende una misión posible con los peces

Aníbal Sánchez.
Aníbal Sánchez.

En el 2006 Aníbal Sánchez estaba en la cima del mundo. Lanzó un no hit no run, se convirtió en uno de los pitchers más prometedores de la pelota y se enteró de que sería padre por primera vez.

Un año después, el destino probó una vez más lo veleidoso que puede llegar a ser, y en forma de un minúsculo, pero funesto puyazo, inoculó el germen del desconsuelo en el que era el hombre más feliz del planeta.

Ahora, el serpentinero venezolano está en una misión, reencontrarse con aquel lanzador que encandiló a las Grandes Ligas.

"Este año lo que estoy buscando es dejar atrás mis problemas personas y enfocarme en mi carrera. Lo que busco es un poco de paz mental'', admitió Sánchez, quien en diciembre del 2007 sufrió el golpe más duro que puede recibir un padre, la muerte de su pequeño hijo, Aran, fallecido en Venezuela víctima del artero punzón del dengue.

"He estado atosigado por la pérdida de mi bebé, son cosas que siento que aún no he superado, pero que poco a poco espero hacerlo. Es cuestión de aceptar que por una u otra razón él tuvo que irse'', reveló el derecho de Maracay, quien confesó que luego de aquel trágico momento llegó a perder hasta 30 libras en dos semanas.

Como casi siempre sucede con la vida, los problemas viajan acompañados y para Sánchez no sólo se produjo la pérdida de su hijo de tres meses, sino también una lesión en el hombro y una eventual operación que hizo que perdiera casi un año de pelota hasta que en julio del 2008 se pudo trepar una vez más en la lomita, aunque con resultados discretos.

A finales del año pasado, se dio cuenta de que debía subvertir algunos aspectos de su vida.

"Cuando llegué a Venezuela me puse a dieta, aunque es difícil en diciembre hacerlo allá. Pero hice un esfuerzo y traté de bajar de peso y llegar así en buenas condiciones acá al spring training'', reveló el serpentinero de 24 años. "Perdí como 12 libras y ahora trato de mantenerme''.

Su segundo gran cambio fue más sencillo, aunque más cabalístico.

"Conseguí que este año me dieran la camiseta 19, que siempre he considerado mi número de la suerte'', añadió Sánchez, quien usó hasta la temporada pasada el 36.

Con menos carga física --y sobre todo mental--, Sánchez cree que puede alcanzar su meta de revivir aquel 2006, que califica como notorio.

"Lo importante ahora es que me siento muy bien. El miércoles lancé mi primera práctica de bateo y quedé contento con lo que vi'', señaló. "Tal como en el 2006 también estoy buscando dos cosas, que mi pelota se mueva más, lo que le ponía las cosas más difíciles a los bateadores, así como mantener mi mecánica igual para cada pitcheo''.

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