Béisbol

Jackie Robinson, la figura que cambió el rostro del béisbol

JACKIE ROBINSON con el uniforme de los Dodgers de Brooklyn en 1952. El pelotero fue la 
figura que rompió la barrera racial en Grandes Ligas y su obra transformó este deporte.
JACKIE ROBINSON con el uniforme de los Dodgers de Brooklyn en 1952. El pelotero fue la figura que rompió la barrera racial en Grandes Ligas y su obra transformó este deporte.

Ayer se cumplió el 62 aniversario del debut de Jackie Robinson con el uniforme de los Dodgers de Brooklyn. En cada estadio donde se celebró un partido de Grandes Ligas, se le tributó el merecido homenaje a la figura que elevó a la expresión más alta el valor y la vergüenza de un atleta dentro y fuera del terreno de juego, cambiando el rostro de un béisbol manchado por la segregación racial, transformando los deportes en Estados Unidos y consolidando a este país en la cima del desarrollo deportivo universal.

Antes de la aparición de Robinson con el uniforme de los Dodgers de Brooklyn, el deporte de las bolas y los strikes padecía de una penosa enfermedad: la discriminación racial.

Por el pecado de la época miles de peloteros se vieron obligados durante décadas a desarrollar sus aptitudes en las Ligas Negras de Estados Unidos y en la pelota profesional del Caribe.

Muchos de aquellos jugadores que tenían un talento similar al de los estelares de Grandes Ligas, fueron ignorados por el delito de tener la tez oscura.

Podemos mencionar algunos nombres sobresalientes como Joshua Gibson, Oscar Charleston, Cool Papa Bell, Satchel Paige, Willie Foster, John Henry Lloyd y los cubanos Martín Dihigo, José de la Caridad Méndez, Cristóbal Torriente, Alejandro Oms y Silvio García.

Ellos nunca fueron reconocidos, tampoco ganaron buenos salarios, y en muy raras ocasiones sus nombres aparecían en los titulares de las páginas deportivas de los diarios en Estados Unidos.

Pero la injusticia tembló el 15 de marzo de 1947, cuando el propietario de los Dodgers Brand Rickey, le dio entrada al terreno de juego a un pelotero de la raza de color.

Su aparición con la franela azul en la Liga Nacional ha sido uno de los grandes acontecimientos del béisbol.

Robinson, aún realizando las mejores jugadas, pegando imparables, robando bases, tocando bolas y entregando el alma, el corazón y la vida en los diamantes, recibió insultos de los fanáticos y recibió amenazas de muerte. Pero su derroche de coraje transformó todos los insultos en muestras de cariño y respeto. Primero tuvieron que aceptarlo, luego reconocerlo, y más tarde, aplaudirlo y admirarlo. Unido a este reconocimiento de la afición y la prensa deportiva norteamericana, Robinson conquistó el galardón de Novato del Año.

Su obra evolucionó al béisbol al abrirse las puertas para todos los peloteros de su raza y comenzó la verdadera época de oro en Grandes Ligas.

¿Fuera Aaron el más prolífico jonronero sin la obra histórica de Robinson? ¿Estarían Willie Mays y Barry Bonds entre los peloteros más completos? ¿Sería Rickie Henderson el más grande robador de bases? ¿Los nombres de jugadores hispanos como Roberto Clemente, Orlando Cepeda, Rod Carew, Juan Marichal, Tany Pérez, Martín Dihigo, Cristóbal Torriente y José de la Caridad Méndez estuvieran en Cooperstown?.

Por su obra maravillosa, Robinson se convirtió en un símbolo para los afroamericanos y en un héroe para los estadounidenses y latinoamericanos, al representar el sueño de millones de personas en busca de oportunidades para superarse y triunfar en Norteamérica.

El impacto social que brindó su aporte fue de tal magnitud que se considera como una de las victorias más extraordinarias en la larga y rica historia deportiva de Estados Unidos. No sólo se benefició el béisbol, otros deportes imitaron su ejemplo con resultados positivos.

El 31 de octubre de 1950, Earl Lloyd se convirtió en el primer jugador afroamericano en participar en la Liga Nacional de Básquetbol (NBA) al vestir el uniforme de Washington Capitols. Un día déspués lo hizo Charles Cooper con los Celtics y el 5 de noviembre Nat ‘‘Sweetwater'' Glifter con los Knicks de Nueva York.

A partir de Lloyd, ingresaron a la NBA colosos de la talla de Bill Rusell, Oscar Robertson, Sam Jones, Wilt Chamberlain y Julius Erving, hasta llegar a las últimas décadas con estrellas como Kareem Abdul-Jabbar, Magic Johnson, Michael Jordan y Dwyane Wade.

Althea Gibson incursionó en el tenis y el 22 de agosto de 1950 conquistó el torneo Wimbledon para ser la primera atleta de la raza de color en lograr dicha hazaña.

Años más tarde, Arthur Ashe fue el primero en la rama masculina en ganar el Abierto de Estados Unidos (1968) y Wimbledon (1975), superando a su compatriota Jimmy Connors. Ashe fue una figura clave para la formación de la Asociación de Tenistas Profesionales (ATP).

En 1954, la Corte Suprema declaró ilegal la segregación racial y fue entonces que el número de atletas de la raza de color en los deportes colegiales y profesionales aumentó, incluyendo en funciones de dirección.

John Thompson se convirtió en el primer dirigente de la raza de color en un equipo campeón en el baloncesto universitario (NCAA) cuando guió al triunfo de Washington 84-75 sobre Houston, el 2 de abril de 1984.

Frank Robinson fue el mánager debutante en Grandes Ligas, Russell el primer coach en la NBA y Warren Moon el único quarterback en ser exaltado al Salón de la Fama de la NFL.

Dicha transformación ha seguido hasta nuestros días con figuras del calibre de Tiger Woods en el golf y las hermanas Serena y Venus Williams en el tenis.

Asimilar la integración racial no fue fácil en Estados Unidos. Pero la aptitud decorosa de esa primera figura que enfrentó al odio con serenidad y valentía, fue transformando todos los deportes en la sociedad norteamericana.

La combinación de talento, coraje y vergüenza, convirtió a Robinson en una de las grandes personalidades del deporte en el siglo XX.

El oriundo de Cairo, Georgia, que nació el 31 de enero de 1919, contrajo matrimonio con Rachel Isum en 1946 y tuvieron tres hijos: Jackie Jr; Sharon y David.

Fue elegido al Salón de la Fama en 1962 y murió el 24 de octubre de 1972, en Connecticut. Sus restos descansan en el Cementerio Cypress Hills en Brooklyn, Nueva York, y su nombre pertenece por derecho propio al tesoro nacional de Estados Unidos.

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