Béisbol

Un pelotero cubano grita bien fuerte entre los Bravos

Yunel Escobar.
Yunel Escobar.

Yunel Escobar entra al clubhouse de visitante, y sus compañeros latinos rompen el silencio. "Eso, ahí llegó Yunel. Este sí que está en su casa", señala el venezolano Omar Infante.

Y es que Miami ha crecido dentro del corazón del muchacho de La Habana, que reside en la capital del sol desde hace cinco años. "¡Cómo pasa el tiempo!'', recuerda el torpedero cubano de los Bravos de Atlanta.

Tanto ha pasado que Escobar ya no quiere voltear hacia atrás y prefiere no tocar más el tema de Cuba. "Ya he hablado bastante y deseo mirar hacia adelante, hacia mi futuro", admite.

No es para menos.

En su horizonte ya no está la posibilidad de mirar los juegos desde la banca, algo que sucedía con mucha frecuencia en Cuba y que fue un factor determinante para que un buen día decidiera abandonar la isla y seguir su camino como pelotero en las Grandes Ligas.

Escobar es titular de la tribu en donde tiene un rol primordial que él mismo no duda en reconocer. "Acá en los Bravos me siento como uno de los grandes", señala.

Y así ha sido desde su llegada a Atlanta. En el 2007 ascendió a la gran carpa y las ráfagas de talento que mostró en 94 partidos impulsó a la gerencia de los Bravos a darle la titularidad del campocorto al año siguiente.

Su efectividad con el madero es tal que, sin incluir los números de la jornada de ayer, exhibía de por vida, en 924 turnos, un porcentaje de embasamiento de .373. Para dar una idea de cuán productivo es esta cifra, el legendario Mickey Mantle tuvo apenas cuatro puntos más en sus primeros 900 viajes al plato.

Para esta temporada, Yunel amenaza con seguir elevando sus números. Con ese objetivo en mente se preparó desde noviembre hasta finales de febrero en diferentes campos de Miami.

"Trabajé mucho con las pesas, resistencia y velocidad. Puse un poco más de masa muscular en mi cuerpo", explica Escobar, quien admite que su objetivo individual para este 2009 es mejorar las cifras que tuvo en la contienda anterior.

En el 2008 conectó para .288 con 10 jonrones y 60 fletadas, y la proyección que lleva -con su promedio actual de .308, dos cuadrangulares y 13 remolcadas- es de 14 bambinazos y 90 impulsadas.

El crecimiento de sus números pudiera pasar por un elemento que admite, carece en la enseñanza del pelotero cubano: la paciencia.

En ese sentido le ha hecho swing a un 15.4 por ciento de los envíos que le han lanzado fuera de la zona de strike, un número que contrasta con el 20.6 que tuvo en el 2008.

"No me había dado cuenta de eso. Acá está Chino Cadahia -coach del equipo-, que es mi maestro dentro del juego. Siempre me dice que tenga paciencia, porque yo soy un bateador agresivo, y eso lleva a cometer errores. Y es que así enseñan a los peloteros cubanos, a ser agresivos con el bate", filosofa. "Por ahora me siento muy paciente en el plato y ya no quiero ser agresivo como antes".

No hay ninguna duda.

Sus días en Cuba ya son materia del pasado, un periódico de ayer que nadie quiere ya leer.

Artículos relacionados el Nuevo Herald

  Comentarios