Béisbol

Ortiz no recuerda para nada al Big Papi

David Ortiz.
David Ortiz.

David Ortiz suele tener en el rostro una sonrisa tan amplia como su swing, pero ahora su rostro no puede evitar los gestos de preocupación ante la prolongada sequía de jonrones que envuelve a su bate.

El dominicano no ha pegado un cuadrangular en toda la temporada -ni desde el 22 de septiembre del año pasado- y en Boston muchos se preguntan si el hombre que conectó 231 bambinazos desde que llegara al Fenway Park tiene seca, para siempre, la fuente del poder.

Por supuesto, Ortiz jura una y otra vez que la fuerza con la que aterrorizaba a los lanzadores rivales retornara más temprano que tarde, pero algunos scouts dudan que el quisqueyano vuelva a los primeros lugares entre los sluggers de las Mayores.

Desde que se sometiera a una cirugía en la muñeca en la temporada anterior, Ortiz no ha sido el mismo y a los 33 años de edad podría estar muy cerca del declive, como parece haberle sucedido a otro jugador todavía joven: Andruw Jones.

¿Por qué un pelotero que ronda las tres décadas y que hasta ayer era un fenómeno en los terrenos entra en una curva descendente acelerada e irreversible? En el caso de Jones es un verdadero enigma. Nadie tiene una explicación para ilustrar lo sucedido al curazoleño como no sean "su swing se ha hecho más lento'', o "ya no puede descifrar los lanzamientos''.

Ni los aficionados ni los expertos tienen una explicación certera sobre el problema de Jones -actualmente trata de encontrar su camino con los Rangers de Texas-, quien una vez fue mencionado en la lista de los 10 mejores peloteros del momento y hoy es el triste ejemplo de lo que significa la caída del olimpo de los dioses del béisbol.

Esas mismas frases aplican a Ortiz, pero los Medias Rojas no están listos para tirar la toalla sobre un hombre que en el 2007 sacó 54 pelotas para la calle y ha sido el más oportuno de todos en los momentos grandes del equipo.

Su mánager, Terry Francona, lo mantiene en el tercer turno de la alineación y el público de Boston -todavía- no la ha emprendido contra él con los abucheos y críticas que ya habrían bañado a cualquier otro jugador.

Y no estoy diciendo que este es el final de Ortiz. Como esperanza, ahí está el ejemplo de Carlos Delgado. El puertorriqueño parecía acabado a mediados de la campaña pasada y desde junio se transformó en un bateador temible, el bateador al que nos tenía acostumbrados la mayor parte de su carrera.

Pero los números no mienten y tal parece que al Ortiz capaz de desaparecer bolas con su sola presencia en la caja lo han cambiado por otro que parece perdido e impotente cuando la recta alcanza velocidades altas o se vuelve esquiva.

Ojalá que el Big Papi encuentre su poder. De lo contrario Boston no llegará muy lejos este año, y el dominicano verá su carrera escaparse como esos mismos jonrones suyos que se burlaban del Monstruo Verde.

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