Béisbol

Llenos de enigmas, los Marlins confunden a todos

Los Marlins de la Florida son una enigma, porque cada vez que parecen cerca del desastre, de alguna manera se las ingenian para soprendernos como ahora, cuando acaban de ganarle la serie a los campeones reinantes de la Serie Mundial.

Podrían estar peor, y aun se mantienen a cinco juegos de los Mets de Nueva York, más por el débil estado de la División Este que por su juego. Pero lo cierto es que todavía no están descartados.

Los problemas de los Marlins andan tomados de la mano, pero si todo tuviera que resumirse en una frase, sería esta: los peces conforman un conjunto donde tres o cuatro talentos viven rodeados de jugadores de Ligas Menores escondidos bajo el camuflage de la gran carpa.

Sencillamente, muchos de sus miembros no pertenecen a la élite, no debieran estar cobrando salario de las Mayores, no cuando su rendimiento deja mucho que desear y en un club de razonable calidad serían, con mucho, personal de banco.

Esta es una familia disfuncional -que no quiere decir que no se lleven bien- que nos depara sorpresas de todo tipo y nos deja con la martilleante pregunta sobre el futuro de esta temporada, porque si la primera mitad ha sido inconsistente, ¿qué pasará después de julio?

Los males podrían enumerarse uno a uno y siempre se correría el riesgo de tener una lista incompleta:

-Un primera base (Jorge Cantú) que no es primera base.

-Un tercera base (Emilio Bonifacio) que no es tercera base y que como primer bate no cumple por su pobrísimo promedio de embasamiento.

-Una combinación de short y segunda (Hanley Ramírez y Dan Uggla) que no es de las mejores alrededor de la intermedia.

-Unos jardineros que no cubren mucho terreno y cuyos brazos están por debajo del promedio. Y aquí hay mención especial para Jeremy Hermida, quien parece una estatua de sal a la hora de ser agresivo con cualquier batazo que lleve la intención de caer unos metros delante o detrás de él.

-Un segundo bate (Hermida nuevamente) que que tampoco cumple esa función. Mejor tenerlo de octavo donde el daño sería menor.

-Un bullpen sobreextenuado y que colapsa a menudo.

-...

Hagamos una prueba y busquemos un equipo de las Mayores -favor de no incluir a los Nacionales- y tratemos de situar a hombres como Bonifacio, Hermida, Ross, Chris Coghlan en ellos. De caber, caben, ¿jugar como titulares?..esa es otra historia bien diferente.

Pero aquí los tenemos formando esta galería variopinta, creada a retazos y a base de buenas intenciones, que puediera dar mucho más y guerrear durante la temporada, aunque no toda la temporada, que el olmo nunca dará peras.

Por supuesto que los jugadores cargan con parte de la responsabilidad, pero en el banquillo deben estar sentados el coach de bateo, Jim Presley, por no poder evitar que los Marlins sean el tercer peor equipo en el bateo de la Nacional; el coach de pitcheo Mark Wiley, porque ese departamento también es el tercero más malo; y el de primera base, Andy Fox, porque su responsabilidad mayor es una defensa desastrosa que se empeña en empeorar de año en año.

Al frente de esta nave, Fredi González hace cuanto puede y cuanto sabe, y se equivoca como cualquier otro mánager del béisbol, pero la calidad del personal magnifica sus pifias y le hace quedar mal.

González, su cuerpo de coaches, los jugadores, también están sujetos a los parámetros fijados por el alto mando de la franquicia, acostumbrada a escuálidos límites financieros y a la creencia de que cada año veremos nacer un Miguel Cabrera o un Dontrelle Willis. Lo cierto es que en el sistema de granja, como sucede en casi toda franquicia, hay más piedras que diamantes.

Y, a pesar de todo, aún respiran con ilusión y creen firmemente que van a luchar hasta el último día, que no van a tirar la toalla.

Ojalá que ese impulso interior supla todas las carencias. De verdad.

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