Béisbol

Un temible asesino sigue libre en el béisbol

MARK MCGWIRE pega un jonrón con el uniforme de los Cardenales de San 
Luis ante los Bravos de Atlanta en la Liga Nacional, el 29 de agosto del 2008.
MARK MCGWIRE pega un jonrón con el uniforme de los Cardenales de San Luis ante los Bravos de Atlanta en la Liga Nacional, el 29 de agosto del 2008. AFP/GETTY IMAGES

Odio tener que escribir sobre los esteroides en vez de hacerlo de los partidos y de las historias que han hecho grande al deporte de las bolas y los strikes.

Pero después de los dos últimos escándalos de los dominicanos Alex Rodríguez y Manny Ramírez, considero que la prensa deportiva está en el deber de librar una batalla a muerte frente a un temible asesino que se sigue paseando por los estadios y amenaza a una actividad hermosa para convertirla en un negocio de traficantes.

¿Cómo se desarrolló el uso de esteroides, cuáles han sido las consecuencias y qué medidas se deben tomar para vencer a este enemigo?

Su desarrollo por el mundo del béisbol ha pasado por diferentes procesos.

La técnica, la ciencia, los sindicatos de jugadores, las empresas y las cadenas televisivas contribuyeron a las grandes transformaciones del béisbol en los últimos 30 años, convirtiéndolo en una actividad de lujo.

Esta modernización hizo posible los contratos multimillonarios convirtiendo a peloteros mediocres en buenos y a jugadores estelares en dioses del béisbol. Dicha forma de competencia y promoción sirvió para atraer a los atletas en busca de establecer nuevos récords, alcanzar fama, dinero y un sitio en los libros de la historia.

Con la danza millonaria, no podían faltar los individuos y compañías sin escrúpulos para fabricar y luego distribuir las sustancias prohibidas entre los deportistas.

Esta degradación de la moral no solo incluyó a fabricantes, distribuidores y atletas, también se sumaron dirigentes, gerentes generales, mánagers y entrenadores que engrosaron sus cuentas bancarias guardando silencio acerca de lo que ocurría.

A mediados de los ochenta ocurrió el primer escándalo de suspensión de 11 peloteros por el uso de cocaína, incluidos figuras como Keith Hernández, Dave Parker, Joaquín Andujar y el relevista Steve Howe. A partir de esta fecha comenzó a crecer el dopaje, y en abundancia.

Los entrenadores se hacían los ciegos y los sordos para mantener sus puestos o mejorar sus salarios, justificando el ‘’buen trabajo’’ basado en los rendimientos de los atletas dopados entrenados por ellos.

Los mánagers de equipos que conocían la situación, se callaban con la vista dirigida a los resultados finales de un campeonato.

A los gerentes generales tampoco les importaba lo que ocurría para justificar sus movimientos en las nóminas.

Imposible que se pueda salvar de culpas al comisionado Bud Selig y a los ejecutivos del sindicato de jugadores.

Para aumentar los ingresos por conceptos de anuncios y asistencias a los estadios era necesario incrementar los jonrones. Y para hacer llegar ese carnaval de jonrones, la vía más fácil era tolerar la utilización de las sustancias prohíbidas que le brindan mayor fortaleza a los bateadores.

Y ahí llegaron Mark McGwire, José Canseco, Jason Giambi, Manny Ramírez y muchos otros con sus batazos dopados.

Muchas han sido las consecuencias del uso de esteroides. En el ámbito deportivo, ha sido una vergüenza y una tragedia para el béisbol. En el campo de los efectos secundarios, desestabiliza las funciones fisioógicas del organismo en detrimento de la salud.

Entre algunos de los daños que pueden producir para el ser humano podemos mencionar la hipertensión, trastornos hepáticos, lesiones de los músculos, pérdida de pelo, próstata, atrofia testicular, infección del HIV cuando se comparten agujas, así como el riesgo de adquirir hepatitis y otras enfermedades transmitidas por la sangre. También producen efectos psicológicos adversos como la ansiedad, irritabilidad, sicósis y comportamiento violento.

Cuando el escándalo estalló se comenzaron a tomar medidas para detener el uso de los esteroides. En algunos casos se han castigado a los violadores con sanciones leves, pero en muchos otros casos se ha tirado una toalla mojadita con agua tibia. Todavía existe una lista de 103 peloteros que dieron positivos y sus nombres no han sido revelados.

La publicación del informe de George Mitchell fue importante en la batalla contra los esteroides. Pero los encargados de tomar decisiones deben actuar con el valor y el civismo que exige las circunstancias del momento.

Hay que sancionar a quienes fabrican las sustancias prohibidas, a todos los que se encargan de distribuirlas, a quienes la consumen y a todos los dirigentes que se encuentran en el deber de velar por el desenvolvimiento del béisbol y se callan ante esta tragedia.

El castigo se debe aplicar a todos los que corrompen al béisbol y dañan a la niñez y a la juventud.

Es el momento de emprender el nuevo camino que exige el momento: ética deportiva.

Por el bien del béisbol, expulsemos del bjuego a todos los tramposos.

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