Béisbol

Los Marlins persiguen una quimera con nombre de playoff

Josh Johnson sube al box en el primer choque de una doble jornada.
Josh Johnson sube al box en el primer choque de una doble jornada.

Perseguir la perfección es como cazar una quimera. Eso es lo que afirman la mayoría de los mortales en las Grandes Ligas, a no ser Don Larsen y los otros 17 lanzadores que han bordado un juego sin manchas ni sombras en la historia del mejor béisbol del mundo.

Los Marlins van en pos de una, pues están obligados a ganar los 12 juegos que le restan en el calendario para mantener vivo el sueño, cada vez más lejano, de llegar a los playoffs.

Nunca digan nunca, pero yo no pondría mi dinero ni investiría mis ilusiones en la suposición de que los peces no caerán ni una sola vez de aquí al último día de la temporada y esperarían una debacle de los Rockies de Colorado o de los Filis de Filadelfia.

Hey. Aquí no hay nada malo contra el equipo del cubano Fredi González. Todo lo contrario. Creo que los Marlins han roto cualquier expectativa posible y realizado un papel mucho más digno que muchos otros equipos de mayor caché y recursos financieros. Los Mets de Nueva York serían el ejemplo perfecto -otra vez la palabra- de que un fracaso se puede comprar con $137 millones.

Los peces, por su parte, han adquirido una sorpresa agradable con $24 millones y merecen, pase lo que pase de aquí al 4 de octubre, una ovación por haber batallado tanto con tan poco, por haber demostrado que el dinero no lo compra todo en la vida y en el béisbol...¿o sí, Yankees?

Hasta hoy, los jugadores de los Marlins dicen lo deportivamente correcto, con frases al estilo de "vamos a ganar todos los juegos'', "lucharemos hasta el final'', "a este equipo no se le puede tomar a la ligera...". Algo de razón hay en todo esto, pero bajo un fondo que parece pintado por Salvador Dalí: puro surrealismo, y no por gusto los matemáticos y pronosticadores les otorgan un chance tan lejano como el de hallar vida en Marte.

Por otra parte, no hay que olvidar el comienzo de la temporada, cuando los peces ganaron 11 de sus primeros 12 partidos, ni las series condenadas de antemano al fracaso como la de Los Angeles o la última contra los propios Filis. Renacer de las cenizas es algo común para estos muchachos.

Esto hay que concederlo. Jueguen bien o mal, los floridanos nunca levantan bandera blanca, y es de admirar la entrega y la confianza en sí mismos que les ha permitido derribar muros y gigantes que parecían invencibles a primera vista.

Colapsos enormes se han visto, como cuando los Mets dejaron escapar una ventaja de siete choques y fueron alcanzados por Filadelfia en el 2007 con 17 partidos por consumir en el calendario. Los Filis, para quién no recuerde, terminaron ganando la división.

Y esos mismos Rockies que hoy son perseguidos en el wild card arrollaron a sus rivales para conquistar 13 de sus 14 juegos finales. De no haber sido por los Medias Rojas hoy tendrían en sus vitrinas un trofeso de Serie Mundial.

Así que nada es imposible. Pero seis encuentros contra los Filis y otros tres contra Atlanta serían una piedra demasiado pesada en el camino hacia un octubre diferente. No quiero ser el aguafiestas, pero es mejor atrapar quimeras en los cuadros de Dalí.

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