Béisbol

Miami también cae rendida a los pies de los Yankees

ALEX RODRIGUEZ
ALEX RODRIGUEZ

Por un momento El Duque creyó que estaba al lado de Mariano Rivera, de Jorge Posada, de Derek Jeter, levantando el trofeo de campeón, y sintió como si le corriera sangre azul por las venas, porque según sus propias palabras "cuando se es Yankee una vez, se es Yankee para toda la vida.

Orlando Hernández sabe lo que dice y sus tres anillos de campeón con el equipo más emblemático del béisbol son la prueba más rotunda de que el triunfo en la Serie Mundial lo celebró con una pasión enorme.

"No pude ocultar la emoción'', expresó el lanzador cubano que se apresta a partir este viernes a Venezuela para trabajar en la Liga Invernal. "Ese equipo tiene una mística inigualable. Vestir ese uniforme da fuerzas. Son los campeones del mundo. Son el equipo del mundo. Al menos creo que aquí en Miami la mayoría de los fanáticos lo sintieron así''.

No sólo en Miami.

La celebración en el Yankee Stadium se sintió también en el restaurante Chili's de Aventura, ya cerrado a la hora del cierre del encuentro, pero cuyos comensales se negaban a marchar hasta no ver el último out de la Serie Mundial.

La escena se repitió a lo largo del sur de Florida, en donde los Yankees de Nueva York son prácticamente el equipo de casa. Fanáticos con camisetas y gorras de los Bombarderos del Bronx celebraron con cada conexión de Hideki Matsui y especialmente cuando vieron el lento trote de Mariano Rivera desde el bullpen hasta el montículo.

"Cuando Mariano sale, eso es señal de que se acabó'', señaló Ricky Morales, un boricua de 25 años que celebraba con un grupo de amigos. "De verdad esto es emocionante. Yo he sido fanático de los Yankees desde que era niño, porque mi abuelo era super fan de ellos''.

Conocido como el "Equipo de América'', los Yankees -que también son la franquicia de pelota más popular del mundo- tiene una relación especial con el sur de Florida.

El arraigo nació y quedó para siempre desde que aterrizaron en Fort Lauderdale, en donde sitiaron su base de entrenamientos primaverales por más de 30 años. De Miami, además, es Alex Rodríguez -aunque nació en Nueva York, se crió, estudió y se hizo pelotero en esta ciudad.

"Esta es mi casa'', señala A-Rod cada vez que tiene oportunidad de recalar en Miami.

El influjo de jugadores latinos en el equipo neoyorquino -y donde son "caballos'' como Rodríguez, Rivera, Posada y Robinson Canó especialmente- también contribuye a que los fanáticos de Miami, la ciudad de la diversidad latinoamericana en Estados Unidos, se identifique y siga a los Yankees.

"Los latinos se identifican de manera especial con los Yankees, por su historia, por sus éxitos, por tantos héroes que han vestido el uniforme a rayas'', apreció el legendario narrador Felo Ramírez, voz de los Marlins y miembro del Salón de la Fama. ‘‘Aquí en Miami la gente es yanquista. Incluso, aquellos que dicen odiarlos. En el fondo los aman con un cariño secreto. Yo los amaba desde que era un muchacho en Cuba. Es un viejo amor''.

Todavía quedan aficionados que recuerdan el paso por los Marlins de Florida del piloto Joe Girardi, quien ganó el premio al Mánager del Año en su única temporada con los peces.

Pero más allá de estas razones también existen hechos palpables de la preferencia de los aficionados de Miami por los Yankees. Cuando el equipo visitó a los peces durante una serie de tres desafíos entre el 19 y 21 de junio, un promedio de poco más de 39,000 fanáticos por desafío llenaron el Land Shark Stadium.

Y por supuesto, el hecho de tener 27 títulos de Serie Mundial también ayuda.

"A todos los aficionados les gusta ganar. Les gusta celebrar y los Yankees son los más ganadores'', señaló Yiky Quintana, compañero de Ramírez en la cabina de transmisión de los Marlins.

Para Quintana también existe un fenómeno sociológico que no se puede obviar en esto de la relación de amor entre Miami y los Yankees.

"Casi todos los cubanos son fanáticos de los Yankees. Una razón es porque cuando se escuchaba pelota de Grandes Ligas en la isla, ellos eran los que siempre ganaban. Y después que todo aquello se prohibió pasó a ser una tradición que se inculcó de padre a hijo'', apuntó. "Incluso también tiene un tono hasta de rebeldía, porque resulta muy significativo decir en un país como Cuba que eres un fanático Yankee''.

Tanto se transmite este amor de padre a hijo, que El Duque Hernández apenas puede decir palabra cuando ve a Orlando Jr., de siete años, convertido en uno de las mayores fanáticos de los mulos.

"Hasta llora cuando pierden'', comentó entre risas la ex estrella de los igualmente azules Industriales de La Habana sobre el amor de su muchacho por los Yankees. "Por suerte, ahora le tocó celebrar en grande. A él también lo inoculó el virus de la yanquitis aguda''.

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