Béisbol

‘‘Deseo entrar en vida a Cooperstown''

EL CUBANO Tony Oliva en conferencia de prensa en el Metrodome en Minnesota, el 5 de febrero del 2000.
EL CUBANO Tony Oliva en conferencia de prensa en el Metrodome en Minnesota, el 5 de febrero del 2000. Associated Press

Su amor por el béisbol era más fuerte que el dolor intenso que sentía en su rodilla derecha cuando entraba al terreno de juego. Y con ese coraje y su talento natural salía a los diamantes para conectarles batazos de todas las dimensiones a los mejores pitchers de Grandes Ligas. A pesar de todo su derroche de valor y siendo uno de los mejores bateadores de su época, a este hombre le siguen negando el derecho a que su nombre ingrese a Cooperstown.

Tony Oliva conquistó tres coronas de bateo entre 1964 y 1971, se convirtió en el primer pelotero en la historia de Grandes Ligas en ganar en la misma temporada ese título ofensivo y el premio de Novato del Año, fue líder en hits cinco veces, en dobles cuatro, lideró la Liga Americana en otros renglones ofensivos, actuó en ocho Juegos de Estrellas y junto al panameno Rod Carew y al boricua Roberto Clemente son los únicos tres peloteros latinos en sumar más de tres títulos de bateo.

El pinareño, que nació el 20 de julio de 1938 en Consolación del Sur, conversó con El Nuevo Herald desde el campo de entrenamiento de los Mellizos de Minnesota.

‘‘Me firmó Joe Cambria en 1960 a través del ex pelotero cubano Roberto Fernández Tapanes y llegué a Estados Unidos en 1961’’, afirmó Oliva.

Debutó en Grandes Ligas el 9 de septiembre de 1962 y fue sólo nueve veces al bate pegando cuatro imparables y remolcando tres carreras. En 1963 le dieron solo oportunidad en siete turnos y conectó tres hits, logrando su consagración en 1964 al terminar con average de .323 con 32 jonrones y 94 carreras impulsadas, liderando el nuevo circuito en hits (217), dobles (43), extra bases hits (84), total de bases (374) y anotadas (109), para ganar por decisión unánime el premio de Novato del Año de la Liga Americana y terminar cuarto en la votación de Jugador Más Valioso.

‘‘Fue una experiencia maravillosa ganar en la misma temporada el título de bateo (.323) y el premio de Novato del Año en la Americana’’, dijo Oliva.

El toletero repitió la corona de bateo en 1965 con promedio de .321, pegó 16 jonrones, impulsó 98 carreras, anotó 107 y lideró la liga en hits (185), elevados de sacrificio (10) y promedio (.321). Terminó segundo en la votación del Jugador Más Valioso.

En 1966, marchaba a finales de julio al frente en average con .328, pero a mediados de agosto cayó en una mala racha perdiendo la oportunidad de ganar su tercer título de bateo. Terminó con .309, segundo detrás de Frank Robinson y fue líder en hits (191), ganó el premio Guante de Oro y sexto en la votación del MVP.

En 1969, repitió como líder en hits (197), dobles (39) y tercero en promedio (.309). En 1970 guió los imparables (204) y los dobles (36), finalizando segundo en la batalla del Más Valioso.

Oliva ganó su tercera corona de bateo en 1971 con .337, guiando también en slugging (.546).

El resto de la década del setenta hasta 1976, lo pasó con lesiones que le obligaron a ser bateador designado y a jugar con fuertes dolores que le impidieron tener un mejor rendimiento, lo forzaron al retiro y evitaron que sumara números similares a muchos de los grandes bateadores de la historia.

En plenitud de condiciones, Oliva sólo actuó en ocho temporadas completas (1964-1971) y en ese período fue uno de los bateadores más dominantes de ambos circuitos al sumar 1,455 imparables en 4,649 turnos para un promedio de .313, pegó 177 jonrones para un average de 22 por temporada, impulsó 719 para un promedio de 90, con .505 de slugging, un embasamiento de .360 y un OPS de .866.

A pesar de sus lesiones, Oliva terminó su carrera con promedio de .304, 220 jonrones y 947 impulsadas.

"La lesión grande ocurrió en 1971 al tratar de capturar un batazo’’, afirmó el cubano. ‘‘Me gustaba fildear y lo hacía bien, a tal extremo que gané el premio Guante de Oro. Me puse muy triste, pues nunca más pude jugar en los jardines’’.

El principal testigo de la forma en que Oliva salía al terreno fue Rod Carew, su compañero de cuarto.

"Carew me ayudaba a calmar los dolores ubicándome bolsas de hielo en mi rodilla en horas de la noche. A mí me inyectaban y me limpiaban la rodilla para poder jugar’’, afirma el ex toletero.

En 1972, Oliva sólo fue 28 turnos al bate y desde entonces su rendimiento general cayó al actuar casi con un pie en el terreno de juego.

"Me quería morir al ver como mi carrera se malograba y sólo con la ayuda de mi esposa Gordette Dubious pude recuperarme. Ella me dijo que cuando dejara de jugar béisbol iba a hacer otras cosas valiosas. Y así ha sido, pues desde hace muchos años trabajo como instructor de bateo y en Relaciones Públicas con los Mellizos’’.

Parte de su éxito como bateador se lo debe a muchas personas.

"Mi padre Pedro "Perico’’ Oliva me ayudó mucho cuando era jovencito y jugaba en el Entronque de Herradura y en Los Palacios frente a equipos de la pelota amateur cubana, le agradezco a Roberto Fernández Tapanes y a muchos compañeros de equipo y amigos que me guiaron cuando comenzaba en las Mayores’’, indicó el pinareño.

El propio Ted Williams, considerado uno de los tres grandes bateadores de la historia, declaró en una ocasión: "Tony Oliva es el bateador más seguro que he visto en las Mayores’’.

Como todo jugador, Oliva tuvo momentos felices y tristes, lanzadores fáciles de batear y otros más difíciles.

"Los momentos felices fueron muchos, entre ellos verme vestido por primera vez con un uniforme de Grandes Ligas, ganar la corona de bateo y el premio de Novato del Año en la misma temporada y actuar en la Serie Mundial de 1965 ante los Dodgers. El más triste fue cuando me lesioné la rodilla. El pitcher que me sacaba out fácil fue mi compatriota Marcelino López.

A los 72 años de edad, Oliva sigue en el terreno de juego puliendo los errores de los bateadores en el entrenamiento primaveral de los Mellizos. Pero aún le falta acariciar el sueño de todos los peloteros que brillaron en las Mayores.

"Aspiro a que el Comité de Veteranos deje las excusas y decida elegirme a Cooperstown. Espero que lo hagan en vida, no cuando yo esté muerto’’, agregó Oliva. "A veces no entiendo, pues todos ellos fueron peloteros que conocen lo difícil que es ser seleccionado a ocho Juegos de Estrellas consecutivos y ser un bateador dominante en Grandes Ligas como yo lo fui en la Liga Americana, a pesar de que actue durante años en circunstancias especiales por mis lesiones’’.

El uniforme número 6 que utilizó fue retirado de los Mellizos y en el año 2000 se convirtió en el sexto miembro de la franquicia en ser elegido al Salón de la Fama de Minnesota, junto a Rod Carew, Harmon Killebrew, Kirby Puckett, Ken Hrbek y el dueño del equipo entre 1961 y 1984, Calvin Griffith.

  Comentarios