Béisbol

El legado de Clemente nunca pierde vigencia

ROSA CLEMENTE, viuda del ilustre pelotero boricua, entrega el premio que honra su memoria al jugador Craig Biggio (izq.) en la ceremonia efectuada el 27 de octubre del 2007.
ROSA CLEMENTE, viuda del ilustre pelotero boricua, entrega el premio que honra su memoria al jugador Craig Biggio (izq.) en la ceremonia efectuada el 27 de octubre del 2007. Getty Images

Treinta y ocho años después de su muerte, a Roberto Clemente se le recuerda de una forma sólo comparable a Jackie Robinson, el jugador que en 1947 rompió la barrera racial en Grandes Ligas. Ayer, en Pittsburgh y en muchos estadios de Grandes Ligas se conmemoró el “Día de Roberto Clemente‘’.

Su obra se venera. Su figura se respeta. Su nombre adorna estadios, instalaciones deportivas, escuelas, hospitales y calles de Puerto Rico. Su valor trasciende las fronteras del béisbol.

“El Cometa de Carolina’’ es el símbolo del pelotero latinoamericano. Ganador de 12 premios “Guantes de Oro”, cuatro coronas de bateo, seleccionado el Jugador Más Valioso de la Liga Nacional en 1966 y en la Serie Mundial de 1971, el puertorriqueño fue nombrado Atleta del Siglo en su país, y desde el 2002, las Grandes Ligas declararon un día para honrarlo nacionalmente.

El 31 de diciembre de 1972 se convirtió en una fecha de luto para el deporte de las bolas y los strikes. Clemente murió en un accidente de aviación en la costa norte de Puerto Rico cuando llevaba ayuda humanitaria para las víctimas de un terremoto que sacudió a Nicaragua.

La tragedia ocurrió sólo meses después de ingresar al selecto grupo de bateadores con 3,000 inparables y cuando aún era un jugador estelar. Su cuerpo nunca fue encontrado.

No importó los ruegos de su esposa para que no hiciera el viaje. Pudo más su deseo de servir al prójimo. Clemente sacrificó su vida para ayudar a los demás.

“La meta de Roberto era reconstruir Managua y Masaya. Se envió ayuda en tres vuelos antes del 31 de diciembre y su viaje estaba asignado para el día 30, pero el piloto que debía llegar de Miami no lo hizo y se canceló para el 31. La carga incluía aparatos médicos, medicinas, alimentos y ropas. Después del accidente nos enteramos que el avión había sido probado antes de salir y tuvo problemas técnicos’’, indicó desde Pittsburgh Vera Clemente, viuda del sensacional pelotero.

Su legado es imperecedero, no sólo por las proezas que realizó en el terreno de juego, también por la sencillez que le caracterizó y su calidad como ser humano.

“Su corazon era de oro. Ayudaba a las personas con problemas, jamás negó un autógrafo y amaba a los niños’’. Por sus méritos, su figura se agiganta al paso del tiempo’’, señaló Vera.

Los Piratas, equipo para el que militó con su número 21 en 18 temporadas, lo recuerdan en su estadio donde se le dedica la pared del jardín derecho. En San Juan está el Coliseo con su nombre.

Clemente es el único pelotero por el que la Asociación de Cronistas de Béisbol no esperó el mínimo de cinco años para ser elegible a Cooperstown, al recibir ese honor tras su muerte.

En 1984, cuando se cumplió medio siglo del que hubiera sido su cumpleaños, la Oficina Postal de Estados Unidos le dedicó una estampilla alegórica, y en el 2002 recibió un homenaje póstumo en Washington con “La Medalla Presidencial de la Libertad‘’.

Clemente fue un luchador por la igualdad en una época con rezagos de discriminación. Al inicio de su carrera comió en restaurantes, viajó en ómnibus y se hospedó en hoteles para personas del color de su piel. La prensa norteamericana no resaltaba sus logros como lo merecía, a pesar de ser un jugador cercano a la perfección. En ocasiones, fue objeto de burla por su fuerte acento en español al hablar inglés. Rehusó ser llamado Bob o Bobby, pues le gustaba Roberto. Y su pensamiento sobre este tema lo expresó con estas palabras: “Mi satisfacción proviene de ayudar a borrar opiniones gastadas acerca de los latinoamericanos y los afroamericanos‘’.

En su honor se creó el “Premio Roberto Clemente”, para reconocer a quienes se destacan en el deporte y en su ayuda a la comunidad.

Uno de sus sueños fue construir una Ciudad Deportiva para los niños y los jóvenes de Puerto Rico. Esa obra es una realidad en la ciudad de Carolina y ese hermoso legado fue posible por el esfuerzo y la perseverancia de Vera, con la ayuda de sus tres hijos que llevan el mismo nombre.

“Después de su muerte, yo me prometí a mi misma intentar que el sueño de mi esposo se cumpliera. En enero de 1973 comenzamos nuestras gestiones y no hemos parado hasta ahora. La Ciudad Deportiva Roberto Clemente se encuentra en estos momentos en una nueva etapa para mejorar y expandir sus facilidades’, aseguró Vera.

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