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Toque de bola

Japón y Corea me hicieron recordar en este Clásico a un amigo con el que juego -o mejor dicho intento- jugar tenis todas las semanas.

Cada vez que piso la cancha pongo todos los conocimientos que me pueden dar el haber tomado unas cuatro clases, me cuadro para pegarle como un profesional -al menos eso creo yo-, y en mi mente realizo la mecánica ideal para el forehand perfecto.

Sergio, entretanto, -mi compañero del tenis- nunca ha tomado una clase. Y aunque sus golpes son nada estilizados, al final hace lo que se supone se debe hacer en el deporte blanco: pasar la pelota como sea.

No hace falta decir, que irremediablemente termino perdiendo la mayoría de las ocasiones.

Así sucede con los tigres asiáticos.

Ellos no son unos tipos super atléticos ni con un físico imponente. Su juego pudiera no ser nada atractivo. De hecho, el swing que hacen es el equivalente, en lo poco ortodoxo, al forehand de mi amigo. Pero al final funciona.

Con este swing se han alzado hasta la cima de este torneo y amenazan con llevarse los máximos honores, por segunda ocasión.

La comparación quizás, en honor a la verdad, pueda ser un poco exagerada, pero lo cierto es que sin hacer las filigranas que noche a noche hacen los grandeligas y aparecen en SportsCenter, los asiáticos hacen las cosas básicas de la pelota y ello tiene su cuota de mérito.

Puede parecer muy simple lo que digo, pero al final Japón y Corea tocan cuando deben tocar, hacen las jugadas de rutina y son pacientes en el plato donde no se van con bolas malas.

Y así es que se gana.

Tommy LaSorda aseguró que algún día le gustaría, antes de morirse, poder ver una verdadera Serie Mundial. "Una en la que jueguen el campeón de Japón y el monarca de Estados Unidos'', aseguró.

No creo que se cumpla su deseo, pero está claro que los nipones no están tan detrás como uno podría realmente suponer.

Y su meta es ir por más. "Nuestra intencion es igualarnos a EEUU'', expresó el mánager japonés en este torneo Tatsunori Hara. "Incluso estamos tratando de pasarle por encima al béisbol estadounidense.

Esa sería la meta más grande. Eso es lo que pienso en cada juego, igualarlo y después dejarlos atrás''.

Aunque suene como una herejía sólo basta poner como ejemplo los vehículos japoneses, rechazados en un principio por el mercado estadounidense, y hoy en día, considerados como los más confiables y de mejor calidad por sus ciudadanos.

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