Jorge Ebro

En China, a diferencia de Cuba, los cambios sí trajeron esperanza

Cubanos venden frutas y vegetales en un mercado agropecuario.
Cubanos venden frutas y vegetales en un mercado agropecuario. AFP/Getty Images

Nadie como Yao Ming resume las cercanías y distancias entre las realidades cubana y china: el gigante disfruta de un contrato millonario en la NBA con el beneplácito de los jerarcas de su país, pero en su contrato una cláusula estipula que bajo ningún concepto puede rehuir los compromisos con su selección nacional.

De lo contrario, el partido y el gobierno pudieran tomar medidas que no agradarían a Yao ni a su familia.

Yao, por supuesto, cumple con ese requisito al pie de la letra y los dirigentes comunistas no dejan de elogiarlo como el mejor ejemplo que tiene la juventud china por estos días.

No importa que Yao aparezca hasta el cansancio en los anuncios publicitarios de Coca-Cola o el conglomerado industrial más poderoso de Pekín, ni que su cuenta bancaria se abulte con cada juego muy por encima del promedio nacional: ser como Yao es bueno. Todos quieren ser como Yao.

En Cuba lo más cercano a un Yao... está en las Grandes Ligas, pero sin boleto de retorno.

"Aquí mientras no te pases de la raya en lo político, pues básicamente el gobierno no se mete con lo que hagas en lo económico'', explica Dan Xieng, un vendedor callejero de unas piedras que asegura son perlas. "Pero si cometes el error de protestar mucho por algo, entonces la cosa puede empeorar''.

Al menos es un adelanto tremendo respecto a la sociedad cubana, donde la mayoría de las propiedades --salvo un pequeño e irreductible grupo de campesinos que son dueños de su tierra-- están en manos y son administradas por el estado.

El capitalismo, a veces en sus formas menos deseables, ha entrado en la sociedad china como un vendabal desde que Den Xiaoping en los años 70 cambiara el curso económico de un gigante que no acababa de despertar.

Den se atrevió no sólo a contradecir las doctrinas campesinas de Mao --claro que después de muerto éste--, sino que llegó donde ningún régimen comunista de su tiempo ni siquiera osó plantearse.

"Será porque Mao purgó a Den por mucho tiempo, le tenía alejado y le temía'', afirma Wen Rielin, un voluntario venido de provincias para ayudar en el desarrollo de los Juegos. "En mi pueblo las reformas no han llegado como en Pekín, pero hay esperanza''.

Sí, esperanza existe en el pueblo chino de que sus condiciones de vida mejorarán gradualmente y una reciente encuesta reveló que la mayoría de la población considera que vive mejor ahora que hace 20 años.

Nada comparable a lo comentado por varios cubanos que recién llegaron de la isla tras los discursos de Raúl Castro en la Asamblea Nacional y por la fecha del 26 de Julio, cuando pidió en ambos más austeridad para enfrentar una crisis que parece como un ciclón estacionario: no se marcha nunca.

"El que tenía alguna ilusión sobre Raúl, la perdió con esos discursos'', comentó un antillano que había visitado su familia por esas fechas.

Cuba, alineada por mucho tiempo con el oso soviético, miró con una mezcla de extrañeza y rechazo el accionar de Den y no en pocas ocasiones denunció el revisionismo chino de la doctrina comunista.

Con la URSS en el recuerdo de una sigla, Cuba defiende ahora los "lazos indestructibles entre ambos pueblos'', pero guarda distancia en cuanto a las formas de dirigir la economía.

Mientras China entró de lleno en el carril acelerado de la reforma sin mirar atrás, Cuba se ha visto envuelta en adelantos y retrocesos ejemplificados mejor que nada por los llamados Mercados Libres Campesinos y los pequeños restaurantes que la población denomina paladares: hoy son permitidos, mañana no.

Pero la liberalización económica ha venido unida a una corrupción que crece como tentáculos a pesar de los esfuerzos del gobierno central --la imposición de la pena de muerte no está fuera de lo común-- que ve con temor prácticas inescrupulosas por parte de muchos de sus miembros.

De hecho uno de los principales temas de los ciudadanos aquí es la corrupción y no son pocas las protestas en todos los rincones del país para exponer los desafueros de los funcionarios locales que, en ocasiones, se comportan como reyezuelos en sus comarcas.

Datos del propio gobierno central revelan que el año pasado ocurrieron más de 80,000 protestas de todo en el país. El gobierno las reprime como puede, pero cada vez más los chinos dejan oír su descontento con lo que no les gusta.

Por supuesto que la masacre de la plaza de Tiananmen --que aquí es conocida como los sucesos del 4 de junio de 1989 para diferenciarla de dos protestas previas en el mismo lugar-- es un recordatorio de hasta dónde es capaz de llegar la nomenclatura china para preservar su poder.

"Ellos harán todo lo posible por evitar otro Tiananmen'', confiesa un periodista que trabaja para un diario en inglés que circula en el país. "Las reformas económicas sirven para ese objetivo. La gente está entretenida en hacerse rica. Uno podría pensar que a mayor riqueza económica, mayor independencia política. Aquí no es así. La línea que dice ‘no cruzar' está bien clara''.

Y eso vale para los inversionistas extranjeros que acuden en masa y han convertido a China en la nueva Fábrica del Mundo con un gobierno que en ocasiones hace de la vista gorda sobre las condiciones de trabajo y de salario de sus ciudadanos.

Sin embargo, los chinos de todas las capas sociales aspiran a que esa riqueza que llega de afuera, junto con la que produce el país, se revierta cada vez más en un mejor nivel de vida y libertades más extensas.

"Por momentos parece como si los hilos se les fueran de la mano a los dirigentes'', agrega el periodista. "Pero uno sabe que los tienen bien sujetos y lo vigilan todo. Mientras te portes bien... Hey, algo es mejor que nada''.

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