Jorge Ebro

Víctor Mesa: "Tengo muchos amigos en Miami''

VICTOR MESA, actual mánager de los conjuntos de Villa Clara, es uno de los más grandes peloteros 
cubanos de todos los tiempos.
VICTOR MESA, actual mánager de los conjuntos de Villa Clara, es uno de los más grandes peloteros cubanos de todos los tiempos. GETTY IMAGES

Víctor Mesa ya no se sube a la cercas, ni se roba el home, pero por eso no ha dejado de ser el hombre energético y vital que los fanáticos conocieron como "La Explosión Naranja'' y que otros llamaban "El Loco''.

En el parque de Wukeson va y viene como un endemoniado, les grita desde las gradas a los peloteros cubanos que hagan esto o aquello, en medio de una multitud internacional que le reconoce y le pide autógrafos y fotos.

"Parece que todavía me recuerdan un poco'', comenta el actual mánager de los conjuntos de Villa Clara, quien formó parte de la delegación cubana. "Yo siempre jugué para los aficionados, para que disfrutaran en el estadio. Pero, sobre todo, porque no sabía jugar de otra forma''.

Mesa pasará a la historia no sólo como uno de los más grandes peloteros cubanos de las últimas décadas, sino por exhibir una personalidad única, diferente. Cuando la mayoría de sus colegas rehuían las luces y al público, el jardinero central de las Villas parecía crecerse delante en los mayores escenarios.

La gente le amaba y le odiaba --según la provincia donde jugase--, pero reconocía que Víctor Mesa le hacía un bien tremendo al salvar al béisbol del acartonamiento de una época donde lo común era no pasarse de la raya.

Alguien le dice que en Miami también se acuerdan de él y que muchos, gracias a satélites que sólo Dios sabe cómo captan señales, siguen la pelota cubana con la misma pasión que la de Grandes Ligas.

"Ah, Miami... tengo muchos amigos allí'', afirma el villareño, que empieza a desgranar nombres, "Josvany, Manny, que es dueño como de cuatro supermercados... Mira, mándale un saludo y un abrazo a todos los cubanos que nos siguen. En el fondo yo sé que ellos sienten todavía la pelota de la isla como algo suyo''.

De pronto la conversación gira sobre los peloteros antillanos establecidos en las Mayores, sobre el progreso de Alexei Ramírez, la lesión de José Ariel Contreras, se menciona a Orlando Hernández.

"Con El Duque... al principio había alguna comunicación, pero ya no tanto'', agrega Mesa sobre su ex compañero de equipo en los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992. "Dale también un abrazo de mi parte''.

Por un problema de modestia, Mesa trata de evadir la comparación entre la escuadra que vino a Pekín y terminó con medalla de plata y la que él solía integrar desde mediados de los 80 hasta fines de los 90.

Cuba ya no tiene jugadores de su talla, ni la de Omar Linares, Antonio Pacheco, Orestes Kindelán, ni siquiera un Luis Ulacia para imponer respeto en el béisbol mundial. ¿Qué ha sucedido?

"Es cierto que aquellos equipos eran muy buenos, pero todas las épocas tienen sus jugadores, sus características'', afirma Mesa como queriendo ocultar lo imposible. "Estos muchachos también son buenos. Es otra generación''.

Otra generación que no tiene la fortaleza física y tal vez mental de los que le precedieron, que crecieron en plena crisis económica --leche sólo hasta los 7 años-- y ahora están pagando las consecuencias.

Son los hijos del Período Especial.

"Alexei también puede considerarse de esta generación y mira cómo está dando líneas en las Grandes Ligas'', explica el ídolo de tantos cubanos en todas partes del mundo. "Lo importante es que el talento, el conocimiento del béisbol no ha cambiado. Ellos saben jugar pelota. ¿Y dónde aprendió Alexei?".

Pero ya no ganan tanto como antes y esta última derrota ante Corea del Sur ha dejado un sabor amargo en Mesa, que contrae el rostro, esconde el dolor y se muerde los labios para no reconocer que tal vez ellos, el equipo de Kindelán, Pacheco y El Duque, habría vuelto a Cuba con el oro en el pecho.

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