Jorge Ebro

Termina la fiesta olímpica en Pekín

China puso una vez más todo su esfuerzo en asombrar al mundo con un despliegue de mareas humanas y efectos tecnológicos que precedieron a la extinción de la llama olímpica en el Estadio Nacional o como le llaman aquí, el Nido del Pájaro.

Con una ceremonia majestuosa, Pekín pasó el testigo a Londres, que organizará los Juegos del 2012 y tendrá cuatro largos años para imaginar maneras de superar una cita casi perfecta en el orden organizativo.

El presidente del Comité Olímpico Internacional, Jacques Rogge, calificó de "excepcionales'' a estos Juegos por sus logros deportivos -se rompieron 38 récords mundiales y 85 olímpicos- y se deshizo en elogios para los anfitriones.

"Esta noche ponemos fin a 16 días gloriosos que recordaremos para siempre'', afirmó Rogge. ‘‘Gracias al pueblo de China, a todos los maravillosos voluntarios y al Comité Organizador. Con estos Juegos el mundo aprendió más de China y China aprendió más del mundo''.

Dispuestos a demostrarle al mundo lo que habían ascendido como potencia política y social, la nación que alberga a un quinto de la población mundial dominó el aspecto deportivo con una tenacidad que se ha convertido en un llamado de atención para poderes tradicionales como Estados Unidos y Rusia.

Estos fueron los juegos de Michael Phelps con sus ocho oros inalcanzables, de Usain Bolt con su velocidad de rayo, pero sobre todo de los deportistas chinos que no sólo vencieron en aquellas disciplinas donde tradicionalmente son fuertes sino que ganaron medallas nunca antes soñadas como en el boxeo y la esgrima.

Así como gastaron $4O,000 millones en la organización, las autoridades chinas tiraron la casa por la ventana para preparar el mejor grupo de atletas nunca antes visto en el país y las 51 medallas de oro -por 36 de Estados Unidos- se convirtieron en una cosecha que superó sus propias expectativas.

Sin embargo, los innegables logros chinos en el deporte se vieron con cierto recelo en amplios sectores por la forma en que el gobierno controla las voces disidentes y la libertad de expresión.

Desde el mismo primer día en que se anunció que Pekín sería sede de estos Juegos, el COI y, Rogge en especial, estuvieron bajo el fuego graneado de la prensa y los defensores de los derechos humanos.

"El Comité Olímpico no puede por sí solo resolver todos los problemas ni interferir en las soberanías de las naciones'', afirmó Rogge. "Pero sí contribuimos a los cambios a través del deporte''.

Queda por ver el efecto olímpico y sus invocaciones a la amistad y la tolerancia permean en algo el accionar de las élites chinas o se trata de un momento simbólico que se irá apagando como lo hizo la llama que durante 17 días ardió en el corazón de Pekín.

Pero eso será tema para el mañana, porque al menos ayer China puso una cara alegre para un espectáculo lleno de momentos cumbres como el traspaso de la bandera de los cinco aros a la capital de Gran Bretaña.

En apenas ocho minutos, la embajada cultural de Londres puso de pie a los 91,000 espectadores en el Nido del Pájaro gracias a los fenomenales acordes del guitarrista de Led Zeppelin, Jimmy Page, que acompañó a la cantante Leona Lewis.

La sorpresa la puso el futbolista David Beckham, quien pateó un balón hacia la muchedumbre de atletas a su alrededor.

Dos tambores gigantes de 4.7 metros de diámetro se elevaron en la altura del estadio y precedieron a múltiples evoluciones humanas trepidantes antes de que el espectáculo bajara en intensidad, pero subiera en emoción con la presencia del tenor Plácido Domingo y la soprano china Song Zuying, quienes interpretaron un tema llamado "Llama del Amor''.

Al final una estructura metálica revestida de seres humanos bajo el nombre de Torre de la Memoria recordó a todos que los Juegos Olímpicos dejan una estela imborrable en su peregrinaje cada cuatro años.

Los chinos, por sobre todo, desean que la memoria de estos Juegos jamás se apague. El tiempo dirá si el COI tuvo razón en darle vida a esta llama o arderá bajo el fuego del arrepentimiento.

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