Jorge Ebro

No les tengan lástima a los Marlins

Los Marlins necesitan mejorar en septiembre.
Los Marlins necesitan mejorar en septiembre.

Ya sé que dejaron atrás todos los malos augurios, que han hecho demasiado para la nómina de risa que los soporta, y que se mantienen dos juegos por encima de los .500 a pesar de que algunos de sus jugadores merecen vegetar en las Menores por cometer errores, a veces tontos, y siempre repetidos, pero esta no es la hora de la autoconmiseración para los Marlins.

A ratos pareciera como si el equipo hubiera perdido aquella chispa que los convirtió -aún lo son, eso creo- en una de las mejores historias de la temporada, la Cenicienta que asiste al baile en palacio sin ser invitada.

Mientras la brecha entre ellos y los Mets crece de manera inexorable, escucho el comentario como un sonsonete: "no se les puede pedir más'' y tras las palabras se esconde un sentido de complacencia mezclado con lástima, como si el destino estuviera trazado de antemano y la suerte de los peces escrita en piedra.

Matemáticamente los Marlins continúan en la pelea, pero no estoy seguro de que en la soledad emocional de cada uno de los peloteros todavía viva la creencia sobre la posibilidad firme de alcanzar los playoffs, aunque delante de las cámaras se digan todas las frases de rigor.

La historia del club se resume, a juzgar por lo sucedido en las últimas semanas, como un baile de salón: un paso adelante y otro hacia atrás, y por mucho que han tratado aún no pueden hilvanar esa salvadora cadena de triunfos.

No es imposible, y si la historia sirve de algo ahí está el ejemplo de los Rockies de Colorado, que ganaron 14 de sus últimos 15 juegos, incluyendo 11 en fila en la campaña anterior, para superar a los Mets en la recta final de la temporada y avanzar a la discusión del título como el wild card del viejo circuito.

"¿Quién dice que no podemos lograrlo?", se preguntó recientemente el mánager Fredi González. "Mientras no pongan la pequeña x [de eliminado] en la tabla de posiciones, vamos a seguir batallando, y tratando de hacer posible una racha triunfal''.

No le falta razón a González, pero los peces necesitan hacer de septiembre un mes mágico. Se lo deben a los fanáticos -esos que prefieren el televisor a la agonía de las gradas en el Dolphin Stadium- y a ellos mismos, que han nadado demasiado en aguas difíciles para morir en la orilla del olvido.

Qué los bates pesan más ahora que abril, es cierto; que el brazo duele y el cuerpo pide a gritos reposo, verdad; pero eso aplica para todos los equipos por igual. Y en las Grandes Ligas nadie tiene lástima del otro.

La historia de la Cenicienta, con su toque de sorpresa, fue bonita mientras duró, pero ahora se trata de meterse en la piel del villano que se abre paso a la fuerza en la fiesta de octubre, cuando nadie lo esperaba.



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