Jorge Ebro

El béisbol no debe temerle a un toque de modernidad con el uso del video

Dicen que quien no le teme al cambio no le teme a nada, y a las Grandes Ligas les ha tomado un larguísimo trecho convencerse de que la repetición instantánea de videos es algo positivo para el juego.

De hecho, todavía son muchas las voces conservadoras dentro de las Mayores que tronan contra la admisión de la tecnología en el venerable deporte, amparados en una tradición que se ha mantenido intacta por más de siglo y medio.

Pero nada dura para siempre y bajo el peso cada vez mayor de quienes apoyan la medida, la Oficina del Comisionado permitió, desde mediados del verano, que se utilizara el uso del video para precisar la veracidad de los jonrones dudosos.

Hoy, sin embargo, ha llegado el momento de que la repetición instantánea sea extendida a todos los ámbitos del béisbol y se convierta en parte inseparable del espectáculo como sucede en la NBA o la NFL.

No sólo un jonrón en duda puede decidir el resultado de un choque o hasta de una Serie Mundial: una bola que pica en las rayas de cal, un intento de robo, y una jugada en la goma, etcétera...

Para muestra un botón: el sábado en la noche Carl Crawford tocó la pelota en el séptimo inning del tercer juego del Clásico de Octubre en Filadelfia y despegó hacia primera base, tratando de encender el ataque de Tampa Bay con su velocidad.

La jugada en la inicial fue apretada y el árbitro decretó quieto, pero la repetición en video mostró que había sido out. El "sencillo'' de Crawford ayudó a que los Rays vinieran de abajo antes de caer 5-4 frente a los Filis. La acción no fue definitoria en el encuentro, pero pudo haberlo sido.

Los que se atrincheran en el inmovilismo aducen que el uso indiscriminado del video resultará en un mayor consumo de tiempo en juegos que, como promedio, bordean las tres horas, pero el propio béisbol se encargaría de regular la puesta en práctica de esta medida guiado por el sentido común.

No se trata de cuestionar cada una de las jugadas, sino de hacerlo en aquellas que realmente tengan un impacto en el desenlace, sobre todo con hombres en posición anotadora.

Los árbitros deben ser los más favorecidos por la entrada masiva del video, porque quitaría de sus hombros el peso añadido del posible error -algo tan común a los humanos- y les permitiría impartir justicia con más serenidad, confiados en que la imagen congelada en la cámara limpiaría cualquier vestigio de duda.

Tras varios meses de prueba, el alto mando de las Grandes Ligas se reunirá en el invierno para analizar los resultados y se sabe que se prepara un informe donde se recomendaría el camino a seguir ante la repetición instantánea.

Entre los aficionados y los peloteros, la impresión es que el uso regulado del video le haría mucho bien al juego e, incluso, le añadiría un toque de modernidad. En unos días donde la palabra "cambio'' está tan en boga por los políticos, el béisbol debería convertir esta moda pasajera en parte de la tradición.

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