Jorge Ebro

Sólo A-Rod puede salvar a Alex Rodríguez

Alex Rodríguez.
Alex Rodríguez.

A cada paso entre el dugout y la caja de bateo, Alex Rodríguez sintió el abucheo constante de los aficionados que, luego de un poderoso swing traducido en jonrón, comenzó a ovacionarle como si no recordara las críticas de momentos antes.

Que corta es la memoria de la masa.

Lo vivido ayer en el parque de primavera de los Yankees en Tampa será un reflejo de lo que puede esperarle a A-Rod, cuando la temporada despliegue sus alas a principios de abril y los fanáticos colmen los estadios.

A menos que uno se llame Barry Bonds, lo que equivale a cargar con un odio ancestral, todos los otros peloteros sorprendidos en el esteroigate tienen delante de sí una oportunidad dorada de poner en claro sus verdaderos talentos.

A diferencia de Bonds, que ya nada podrá hacer sobre el terreno para demostrar su inocencia, Rodríguez se encuentran en el zenit de su carrera y con grandes oportunidades de borrar el triste episodio que nos regaló como preámbulo de los entrenamientos.

Cierto. Una encuesta reveló que más del 60 por ciento de los aficionados considera que aquellos relacionados con sustancias prohibidas no deben traspasar jamás las puertas del Salón de la Fama, pero si algo reveló el incidente del cuadrangular de A-Rod es que la opinión pública suele cambiar con el paso del tiempo, que si bien no lo borra todo, al menos lo alivia.

En un principio, no habrá cariño para A-Rod, quien ayer tuvo que soportar gritos de ‘‘mentiroso'' y "¿dónde está Yuri?", en referencia al famoso primo que le llevó a consumir esteroides. Cuando quieren, las mareas humanas que acuden a los estadios pueden ser crueles, con o sin razón.

Ellas probarán no tanto la capacidad física del tercera base de Nueva York, sino su fuerza psicológica para producir en ambientes hostiles. Si antes del incidente no era el niño mimado -ni siquiera en la Gran Manzana- de la afición, ahora tendrá que ponerse una coraza mental si quiere sobrevivir y limpiar su legado.

Muchas y buenas relaciones públicas, firmas de autógrafos, un trato más directo con los fans y una alta dósis de humildad pueden obrar milagros para Rodríguez, pero nada como disparar racimos de cuadrangulares y empujar decenas de carreras y, de ser posible, regalarle un triunfo a los Yankees en octubre.

Un historial limpio, intachable, de ahora en adelante, dentro y fuera de los terrenos, podrían hacer cambiar la opinión contraria a su ingreso en el templo de los inmortales. Después de todo, ninguna puerta se cierra para siempre.

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